Ayuela - V. Brezo

Ayuela - Virgen del Brezo - Ayuela

Un recorrido en bici Valdavia arriba, hasta Santibáñez, realizado un poco a la aventura y con unas notas para sugerir nuevas exploraciones desde Ayuela. Se realizó el día 22 de agosto de 1998, en bici.

 

A 1-360 m. de altura, en el corazón de la "Sierra del Brezo" ,el Santuario es uno de esos rincones hermosos que dejan recuerdos imborrables. lo forman  tres edificios: el templo propiamente dicho es de estilo neoclásico del siglo XVIII, la capilla de confesiones y la hospedería. Las romerías que aquí se celebran: el segundo domingo de mayo se traslada la Virgen del Brezo (talla románica) desde el pueblo de Villafría de la Peña al templo. Aunque la Romería Mayor se celebra el día 21 de septiembre.
La leyenda nos cuenta que Santa María aparecióse en sueños a dos pastores extremeños, originarios de la tierra de Cáceres. El mensaje fue una orden para que acudieran a un lugar llamado la Fuente del Brezo a buscar una imagen suya allí escondida. No obedecieron tras esa misiva, pues les quedó la duda de su certeza, por lo cual, hasta tres veces se repitió el aviso. Ante tanta insistencia se pusieron en camino. Al llegar al paraje indicado una nueva visión les señaló el sitio exacto donde se hallaba oculta la escultura, añadiendo el deseo de que construyeran un templo para su veneración, petición bien pronto satisfecha. Desde entonces la talla se ha adorado aquí,salvo breves épocas en las que se guardó en Villafría. Muéstrase como un precioso trabajo románico, en posición sedente, con el Niño sobre sus rodillas. Junto a ella también se honra a la Virgen del Mar, encontrada en el siglo XVI flotando sobre las aguas en las costas de Cataluña. Se descubrió metida en un arca, con un rótulo que ponía: Voy de romería a Nuestra Señora del Brezo. Es escultura gótica en pie y con caracteres nórdicos.
 

 

La travesía

6:00 El despertador chino picudo y feo, regalo de no sé quién, cumple su función y despierta a medio pueblo con su desagradable chicharra. Estoy muerto de sueño y hace fresco fuera del abrigo de las mantas, pero me levanto dispuesto a rebajar un poco el perímetro abdominal.

6:20 Ya he desayunado y ultimo los preparativos. Aún no ha amanecido. El cielo está limpísimo y cuajado de estrellas. Brillan con absoluta nitidez (esto, claro está, después de ponerme las gafas...).

6:30 Mi madre dejó una taza trampa para ratones en el patio y uno de ellos ha caído. Observo el dispositivo al salir a la calle. Monto en la bici y empiezo a pedalear calle mayor arriba. A partir de ahora sigo sin reloj...

Hace bastante frío. El camino se distingue lo suficiente pero no está excluido el tropiezo en algún canto suelto.

Atravieso Campulengo 2º y Campulengo 1º por el camino a la orilla del bosquecillo de robles. Después el camino baja hasta el arroyo de Valcuende y lo cruza. El fondo del valle está cubierto por la hierba. El camino se pierde aunque se adivinan las rodadas paralelas de los carros. Se intuye la ruta aún de noche. Paso cerca del viejo colmenar aún en uso que ya conocemos (incluso mi sobrino pequeño lo conoce). Sé que está cerca la fuente de  pero no distingo su localización en la penumbra. En un momento el camino gira a la derecha y asciende hacia lo alto del valle justo antes de un cortafuegos. Concluida la subida aparece una pista de grava rojiza bien acondicionada. Tomamos a la izquierda. En algún momento amanece. El sol me sorprende rodando por una pista con pinos a la izquierda y a la derecha campos de labor.


Perfil de la Montaña palentina, desde las pistas que van hacia Fontecha, antes de llegar a Villanueva de Abajo. (Agosto de 2006)

Seguimos las pistas que van paralelas al valle por el borde de la planicie superior. Justo en la cabecera del valle se terminan los pinares. Sigo por un camino atravesando campos de rastrojo. En principio intento continuar con la misma dirección al acabar el valle (me llavaría muy próximo a Fontecha), pero acabo desviándome antes de lo previsto a la derecha. Atravieso dos vallecitos, el segundo más profundo. Sin esperarlo me sorprende el pueblo de Villanueva de Abajo. Allí tomo el asfalto hasta el cruce de Fontecha (el cruce está un poco antes del pueblo, que se eleva a la izquierda). Desde ahí prosigo hasta Respenda por una carretera en subida y con numerosas curvas. El sol me da en los ojos cuando atraviesa los ramajes en la orilla de la carretera. Completada la subida llegará a continuación una bajada que termina prácticamente en Respenda de la Peña. (Juan Ramón recuerda este tramo y también que en el pueblo no tenían teléfono público, cuando se le averió el coche allí).

El pueblo de Respenda me recibe engalanado de banderines y sembrado de vasos de plástico y papeles esparcidos. Un pequeño entarimado cubierto y las casetas, ya cerradas, de los cuqueros sugieren claramente que están en fiestas. Hacia el final del pueblo me encuentro un sonámbulo grupo de jóvenes merodeando en torno al local de una peña. Uno de ellos, sentado y apoyado contra la pared, mira con cara alucinada y gesto sombrío mi paso veloz por la carretera.

De Respenda a Viduerna hay un tramo llano en que se rueda bien. Aún hace frío pero el día esta muy claro. En Viduerna tomo el primer sorbo de agua de la fuente del pueblo, que está custodiada por media docena de perros vagabundos. De ahí al cruce de Pino de Viduerna y de ahí a Santibáñez.

Me presento en Santibáñez a las 9:30. No esperaba llegar tan pronto, así que añadí un extra: decidí acercarme a la Virgen del Brezo (a 8 kilómetros de Santibáñez).

No tardé mucho en llegar. El último tramo, algo más duro, con dos kilómetros de subida desde Aviñante al Santuario.

El Santuario estaba casi desierto. Sólo un coche aparcado y sin gente a la vista. El patio de la ermita estaba abierto. Dejé la bici apoyada en una de las ventanas del refugio y subí andando hasta la fuente. Me entretuve unos minutos contemplando la ermita, el fondo del valle y las montañas circundantes. Después bajé a una de las mesas a comer algo de chocolate y dos naranjas que llevaba como tentempié.

Me fijé un momento en el camino que asciende a la derecha y que parece ir a la Cruz del Brezo (no es así, luego tuerce a la izquierda y asciende hasta un refugio que se llama el Cristo del Valle situado, más o menos, a la izquierda de la ermita pasada la cresta que la encierra). Eran unos siete kilómetros y la pista irregular... medité si podría realizar un intento, pero decidí posponerlo para otra ocasión (que probablemente no llegará).

La vuelta fue rápida y relativamente descansada. Al pasar por la Puebla visité su iglesia. Estaba cerrado el interior del edificio, pero el patio exterior, con una mesa sombreada de piedra me permitió descansar allí un buen rato. En ese tiempo aparecieron por allí un grupo de señoras de paseo y otro grupo de chicos del pueblo en bicicleta. Al verme no se atrevieron a acercarse. En un rincón, sobre la losa sepulcral de antiguos personajes señalados, en banco improvisado, los ciclistas esperaron hasta que partí.

Hubiera llegado hacia las 12:30 a Ayuela, pero al llegar a Buenavista decidí "acortar" por el viejo camino de carros. El sol estaba ya alto y la cuesta se me hizo más empinada  que la del Brezo. Perdí algo de tiempo y energía pero la nostalgia por usar este camino me vence... Estaba de vuelta antes de la 1:30. El cuentakilómetros de la bici marcaba 90 km. (¿cómo tantos?, me parecieron exagerados, creo que tengo que repetirlo y comprobar... ¡¡uff!!).

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