Visita al despoblado de Valsurbio y el pueblo de Valcobero. Hasta el santuario del Brezo se puede ir en coche (40'). Después tiene un tramo en que aconsejamos todoterreno (aunque puede hacerse parcialmente a pie o en bici, si estás en forma).

Pertenece Ayuela a la media montaña palentina. A diferencia de otros pueblos de la Valdavia, en su término se suceden un río de caudal variable, arroyos de mediana entidad, montes de robles que coronan las vistas del pueblo, cuestas como la de Buenavista que lo flanquean por el este (allá por donde sopla el cierzo), páramos... pero nada es comparable con la grandeza y soledad de la montaña palentina. Más allá de la Sierra del Brezo descansa en paz el despoblado de Valsurbio (topónimo con referencia a un valle de serbales) donde se instaló hace siglos el pueblo que perteneció -como muchos otros de la Valdavia- a la familia Mendoza, nobles con palacio en Guadalajara.

Valsurbio( Valle de los serbales) era el pueblo con mayor altitud de la provincia 1520, hoy sólo es ruina y abandono. Pensar que hubo vida y ajetreo de personas y animales entorno a esa humilde espadaña hoy huérfana de campanas... Nos inquieta su desolación y nos obliga a distraernos observando las piedras, maderos, callejuelas, tapias reconquistadas para la naturaleza y abundantes árboles: fresnos, serbales, chopos, manzanos y hermosos guindales. Los muros derruidos, a consecuencia del saqueo de los esquinales, (piedras labradas por canteros) principales elementos de sostén de las construcciones antiguas. El saqueo ha sido tan grande que el Ayuntamiento de Velilla tiene un gran cartel a la entrada del antiguo pueblo, prohibiendo el acopio de piedras de estas construcciones bajo la multa de 3.000 €. Desgraciadamente colocado demasiado tarde.

Los ecos de las crónicas de hace décadas aún nos hablan de terribles heladas en las que se llegaba a estar veinte días incomunicados. En febrero de 1930  en el campo había un metro de espesor y en las hondonadas la ventisca acumulaba nieve hasta cinco metros de altura. El camino hasta Camporredondo, como es hondo, tenía tres metros de nieve. Pero lejos de disminuir ésta, cada día seguía cayendo para el gasto. Como las temperaturas llegaban a los ocho grados bajo cero, se temía que no se podría salir del pueblo en todo el mes de febrero. En 1955 Las noticias daban cuenta de las fechorías que estaban cometiendo los lobos, que por la noche bajaban hasta los poblados, al carecer de comida en los montes. Los víctimas más corrientes eran los perros y las ovejas. En Valsurbio habían sido devorados seis perros y otros tres en Camporredondo. En Valcobero, los pastores tenían dos mastines, que sostuvieron una dura lucha con los lobos y uno de los mastines regresó con tremendas mordeduras. En Valsurbio los lobos habían matado 22 ovejas y en Camporredondo otras tres reses.

Una visión poética hace décadas nos reflejaba así sus impresiones ante la agonía del lugar poco antes de que desaparecieran su último habitantes:

"El sol está muriendo. Un poco más adelante hay una tosca cruz de madera, recuerdo tal vez de algún caminante que murió de frío, a caballo sobre el lomo, en estos lugares a 1600 metros y una visión amplia se nos ofrece de la Sierra del Brezo. En el fondo, mirando al norte, hay unas cuantas casas. Valsurbio, un pueblo en trance de desaparecer. Se oyen voces,  confusas y lejanas que recogen animales. Tres vecinos nada más, apuran el último aliento del pueblo."

Hoy en día sólo hay una coqueta casa habitable. Lugar de refugio y consuelo de una persona nostálgica que la habita ocasionalmente. Está escondida tras su valla de madera, en un rincón al abrigo de las ruinas.

 

El día 8 de julio de 2006, sábado, libra mi hermano y viene al pueblo. Tenemos la oportunidad de estrenar su recien adquirido todoterreno por las pistas forestales de la provincia. Entre las opciones barajadas elegimos la montaña palentina (nos pilla más cerca, nos resulta familiar y mis padres no están para trotes más largos pues promedian los 80 años). Decidimos acercarnos a Valsurbio y Valcobero. Nos impulsa la nostalgia y la tranquilidad de los despoblados y datos y referencias de publicaciones de mi difunto tío Fautiniano sobre un general de Valcobero en la antigua revista de montaña palentina "El Roble".

Salimos por la mañana, sin prisas. A las 9:40 pasábamos por el doble caño de la plaza. En Buenavista a las 9:52. Eran las 9:56 cuando pasábamos por Congosto. Alcanzamos Santana a las 10 en punto. Tomamos la P-214 cuando distan 10 Km para Santibáñez.  Cruzamos Riosmenudos, Vega de Riacos y Respenda. Estramos en Santibáñez a las 10:09. Ocho minutos después nos desviábamos en Aviñante hasta Villafría de la Peña. Estábamos a la altura de su criadero de truchas a las 10:20. Minutos después aparcábamos en el santuario de la Virgen del Brezo. 40 minutos en todal desde Ayuela.

Es obligada la visita al santuario. Entrar en el templo. Contemplar la talla románica de la Virgen, esa virgen marinera  esculpida en el siglo XIII que en 1570 viajó a Villafría de la Peña desde las tierras del norte de Europa. Flanqueado por la hospedería el sol se remansa en las sombras del patio. Luis y yo subimos a la fuente, a por agua fresquita.
Y desde allí sacamos esta foto. Al fondo la montaña de la Cruz del Brezo,
1.642 m. Es un cerro situado al este del Santuario con un desnivel sobre el mismo de 225 metros. Se tardaría algo menos de una hora, ida y vuelta, sin contar paradas, con poca dificultad y por sendero y terreno abierto.

A partir de aquí se hace obligado el uso de todoterreno (las buenas piernas también lo son). El camino asciende a la derecha un corto tramo y enseguida tuerce a la izquierda y asciende hasta un refugio que se llama el Cristo del Valle situado, más o menos, a la izquierda del santuario pasado la cresta que lo encierra. Son unos siete kilómetros y la pista irregular... Era un tramo pendiente, el postre de una ruta anterior. Existe una peregrinación anual a este refugio-capilla.  El camino primero sube áspero y luego se allana y va sin apresurarse a media ladera, por la falda de la Sierra.

Llegamos al refugio y bajamos a curiosear. Si seguimos la pista hacia la izquierda llegaríamos a Valcobero. Nosotros tomaremos la que pasa al lado del refugio y que nos llevará hasta Valsurbio.

En las proximidades del refugio se respira paz con olores de resina y brezo. Dentro del refugio una holgada sala, con chimenea y mesa rústica en buen estado espera a los montañeros que la sepan apreciar. Una minúscula capilla, a la izquierda presenta una pequeña imagen del cristo.  En los alrededores se aprecia la silueta de la Peña del Fraile envuelta en tonos azulados.

Proseguimos por la pista hacia Valsurvio. No es tan malo el camino. Sólo algunos tramos asustan un poco a nuestros padres que iban por primera vez en coche por un camino así. Mi hermano Luis había hecho ya este camino en su viejo renault 4L: ¡Qué bien iba ese coche!. Con sus ejes elevados para salvar los desniveles de los caminos rurales, Luis había recorrido la provincia de Burgos y la vecina Palencia hasta los rincones más inaccesibles.  Nos topamos con otro todoterreno ascendiendo desde Valsurvio. Necesitamos parada y marcha atrás hasta encontrar espacio para apartar uno de los vehículos. Poco después alcanzamos un caminante que, en las proximidades de Valsurbio y a  buen paso, se dirigía a Camporredondo.

Casi sin darnos cuenta nos encontramos entre las ruinas del poblado. Las casas están casi irreconocibles. La iglesia derruida. La vegetación invade lo que fue una pequeña nave donde se apiñaban los fieles. Como la iglesia el resto del pueblo. Tan sólo una casa (coqueta y cuidada) se defiende del resto de las ruinas tras su valla de madera. Alguien ha tenido el capricho de construir un lugar habitable en medio de tanta desolación. Le alabo el gusto.

El caminante, colorado por el sol y el esfuerzo, nos alcanza en medio de visita y nos explica unas cuantas cosas del lugar. Después prosigue su camino hacia Camporredondo donde casi llega antes que nosotros.

Seguimos paseando entre las calles que empiezan a inundarse de vegetación. Al final de las antiguas casas un camino baja hacia el valle entre árboles. Sorprenden de vez en cuando frutales: manzanos, guindales...

Nos acercamos a la fuente. Es una fuente generosa y fresca. En ella nace un arrollo y a su vera mi hermano explica a mis padres las bondades de la digitalis, una planta que crece silvestre en muchos lugares de España y que en otros lugares del mundo ha de cultivarse para obtener de ella la digitalina, fármaco usado para regular el ritmo cardíaco. "Las vacas no la comen" explica. Son muy sabias. Imagino que alguna lo hiciera y la taquicardia que les produciría. Sonrío al pensar en el dueño, al contemplarla en semejante estado de excitación,  sin explicarse qué diablos le pasaría al animal.  

Con cierto pesar proseguimos viaje hacia Camporredondo. Visitamos el pueblo, pero el sol nos empuja hacia la sobra del gran árbol de la plaza. Este pueblo, en un sitio singular (Campo redondo) y tiene uno de los pantanos más antiguos de España. Después de acercarnos hasta la iglesia e intentar visitarla (estaba cerrada), nos conformamos con echar un vistazo al campanario. Finalmente acabamos en uno de los bares/restaurantes (¿casas rurales también?) que existen en la localidad y engañamos el calor con una cervecita.

Nos dirigimos después hacia Velilla bordeando el pantano de Compuerto. Al llegar a la presa cruzamos sobre la misma al otro lado y nos dirigimos (otra vez por pistas forestales, tras pasar un tunel) hacia Valcovero. Este pueblo, que llegó a estar abandonado en ciertas épocas del año hace décadas, ha renacido a la actividad y tiene aspectos muy interesantes. Esperábamos encontrar un remanso de paz, pero la entrada del pueblo nos recibe con gran algarabía y movimiento: un grupo de casi un centenar de scouts bajo unos grandes árboles están dando cuenta de su comida "picnic". Vienen de la vecina Velilla, donde están acampados y han "invadido" el pueblo. Nosotros pasamos la población buscando una fresca sombra donde comer. La encontramos más allá de las últimas casas. Bajo un árbol en medio de un prado.

La comida siempre está buena en medio del campo. Aunque  la mesa plegable no "tenga buen asiento", ni nosotros tampoco. Terminado el melón (sus restos siempre al suelo, devueltos a la tierra para que los reconvierta) procede la siesta de rigor. Cada uno se acomoda donde mejor puede. Al final, estos parajes no son tan buenos para la siesta. Siempre recuerdo la garrapata que me eligió como socio en cierta ruta. Se acaba eligiendo el coche o alguna sombra alejada de los pastos. 

Tras la siesta el sol sigue apretando. Nos acercamos a tomar un café al pueblo (tiene bar con horario incierto). El local estaba cerrado. Paseamos por las calles (tiene casas de singular arquitectura). Sentados a la sombra de un emparrado nos invaden las hordas de chiquillos, categoría "urbanos" y nos asedian, nerviosos, con numerosas preguntas sobre la localidad. Hay una jincana de por medio (juego de competición que consiste en superar una lista de pruebas o preguntas en tiempo record). Mi hermano Luis, añorando viejos tiempos (organizaba acampadas a los grupos scouts de la parroquia), se sentía como pez en el agua dando pistas y ayudando a los chiquillos. preguntas como "El nombre de la estufa del bar del pueblo" o "qué 3 tipos de  tejados tenían las casas del pueblo" o "cómo se viste un espantapájaros"... son una muestra del tipo de preguntas.

Dejamos Valcovero para retornar a Ayuela. Lo hicimos por Velilla  (la carretera indicada a la salida del túnel) y Guardo hacia Saldaña. La excursión ha sido una escapada que nos deja muy buen sabor de boca.

Jesús Marcial Grande
Ayuela, 8 de julio de 2006.