En el tranquilo, variado y relajante paisaje del término de Ayuela
podemos encontrar una abundante combinación de seres vivos. Aunque el ecosistema actual
se ha visto alterado por las nuevas técnicas de la agricultura, llámese Concentración
Parcelaria, tractores, maquinaria diversa, abonos químicos, insecticidas, eliminación de
ciertos animales domésticos, etc., el equilibrio biológico parece conservarse todavía,
lo cual permite disfrutar aún de una naturaleza variada y bonita.
Un asiduo e inoportuno visitante nocturno de los gallineros fue el
raposo o zorro, sobre todo
cuando, a causa de un tiempo difícil para él, se encontraba falto de comida o sobrado de
hambre, y visitaba arriesgando su vida las casas y corrales sembrando la intranquilidad en
animales y dueños.
El jabalí, venido cada vez a más por la
plantación de pinares, es otro merodeador de los sembrados y alrededores, llegándose en
cierta ocasión a confundirlo por alguna señora del lugar con el mismísimo cerdo o
"gocho" de algún vecino descuidado.
El lobo, podría decirse de él que fue
en otro tiempo la estrella de estos contornos. Muchas veces se la "mangó" a los
pastores o atemorizó a los más pequeños. Era el malo de la película. La captura de uno
en las batidas organizadas o de cualquier otro modo, suponía toda una noticia y alborozo
que finalizaba con la petición puerta a puerta por tan grande hazaña. Éste, se decía,
no nos hace más daño.
Otro carnívoro asociado al monte, es el gato montés
o "montrisco". Es un gato grande, que supera por lo general los 8 Kilogramos,
caracterizado por su peluda cola anillada, su gran cabeza, más ancha y robusta que la de
los gatos domésticos. Memorable fue el que noche tras noche la emprendió con las
gallinas del pueblo y terminó atrapado por su exceso de confianza en el propio gallinero,
dándole "pal pelo" el propio dueño (Chuchi) una mañana que le sorprendió sin
posibilidad de escapatoria.
El oso pardo, no tan visto pero presente
alguna que otra vez, es el mamífero de mayor tamaño y más temido en la actualidad.
La liebre y el
conejo, antes mucho más abundantes, siempre fueron plato apetecible en
cualquier casa del pueblo. Hubo quien, especialmente pastores, que traían en algunas
temporadas el zurrón lleno de ellos. Mención especial merece destacar La Galga del tío
Andrés, que según cuenta muchas veces, la mandaba salir de casa por la mañana con el
recado de que le trajera alguna presa, y ésta nunca le fallaba.
La garduña, era otro habitante odioso y
odiado que se apoderaba de pajares y desvanes. Aquí me viene a la memoria , aquella
escurridiza que traía de cabeza a Felicísimo y que al parecer consiguió atrapar Felipe
en los pajares no sin antes alertar a los convecinos.
El tasugo o tejón,
tímido y huidizo era útil para hacer una buena merienda de la mozandad y luego vender al
mejor postor su apreciada piel. A alguién se le dio, en cierta ocasión, gato por tasugo
y aseguraba sin saberlo que estaba exquisito.
La cigüeña era esperada cada San Blas
.
Hoy desecados sus lugares de pesca nos ha abandonado
, y quizá sea uno de los
motivos por los que cada vez vienen menos niños de París en este pueblo.
El grajo, las
grajillas, picazas y córvidos en general perduran a pesar de la
disminución generalizada de todas las aves. Famoso fue el grajo blanco que un vecino
(Álvaro) logró domesticar y que asombraba a todos por sus dotes de coger lo que no era
suyo y enterrarlo donde más le apetecía.
Habitantes más cercanos a los ayuelenses han sido y son todavía golondrinas,
vencejos, aviones, pardales o gorriones, carboneras, riateras, etc.
Codornices, perdices, alondras o engañapastores, el
cucu, abubillas, martín pescador, picorrolincho o picatroncos, águilas, azores, buhos,
lechuzas, picacillas, cacharonas, tordos, mirlos, colorines, palomas torcaces,
.... y un largo etcétera, componen la lista de aquellas especies deseadas por las
"pandillas de nidos" que se hacían hasta no hace mucho tiempo con el objeto de
recaudar huevos o pájaros para vender o merendar.
En el medio acuático, el protagonista siempre fue el
cangrejo
, hasta que la "jodida" peste americana acabó
con ellos y con la ilusión de todo un pueblo y gentes que disfrutaban de lo lindo con el
arte de la pesca. Miles de historias podríamos contar teniendo de estrella al cangrejo.
Todavía hoy, después de muchos años, se le echa de menos. Del río tampoco podemos
olvidarnos de la trucha común, del barbo, de las ánguilas,
carpas, o de la mismísima nutria que
algunos todavía dicen ver de vez en cuando.
El croar de las ranas, el concierto de sapos o costrollos, la camuflada rana de San Antón, la rata
de agua, las diversas culebras, las víboras,
el cavernícola topo, roedores de todo tipo
e insectos y tábanos de
todas las clases, son algunos del variado concierto faunístico menor.
El árbol predominante en nuestro pueblo sigue siendo el
roble
. Aún sigue siendo la base combustible de los fuegos
durante el invierno. Cada invierno el Ayuntamiento, con la debida autorización, sortea
entre las familias las tradicionales "suertes de leña"
para abastecer a las gentes de este imprescindible combustible. Sin embargo el arbusto
más peculiar y abundante ha pasado a ser el enebro
.
Protegido por ley, ha encontrado en nuestro monte un acomodo especial, y ha formado
siempre parte de nuestros festejos a San Esteban con la famosa y popular "Hoguera de vísperas"
.
Árboles carismáticos: "La Madre de la Majadilla", "La Horca",
"Los dos Robles", "Zalce del Lobo"
, etc.
El olmo, hasta que la grafiosis acabó
prácticamente con él, ha sido otro buen recurso para el instrumental de labranza o
material de construcción.
No escasean tampoco los chopos, los fresnos
, los pinares privados y públicos, las salgueras
, sauces
,
y otras especies en menor cantidad.
Arbustos como los endrinos, el escaramujo, los zarzales
de apetitosos moros, la variedad de brezos
en otro tiempo transportados en carros y vendidos en Saldaña, los gayubares, tomillos, espliegos, cantuesos, ...
Gran variedad de cardos, desde los más
altos llamados hisopos, pasando por los lecherines, los borriqueros
y otros muchos y variopintos salpican rastrojos y eriales.
Las setas merecerían un capítulo
especial. El níscalo se convirtió en el
más deseado desde que Ramiro pregonó su comestibilidad y los demás nos dimos cuenta de
que era inofensivo. Más tarde llegaron los compradores y eso ya fue el "boom"
de esta seta estrella. Las de Primavera o brezo, las de
carrerilla o sombrerillo, las de cardo, las de chopo, los parasoles y las tipo champiñón,
son algunas de las muchas que se encuentran entre las preferidas de por aquí.
Lo mismo se puede decir de la manzanilla o
del aromático té, del estriñente o
evacuador poleo, del berro, de la ortiga, gatuñas,
y de tantas y tantas herbáceas y gramíneas que sería interminable nombrar todas.