Habla el arcángel
ARCÁNGEL Con
los ojos de la fe contemplo caminando por tus calles a un joven hermosísimo cuyos ojos
son como los de blanquísimas palomas sobre corrientes cristalinas; cuyos brazos, manos y
pies son de marfil bruñido o finísimo nácar torneado; cuyo cabellos es de oro cobrizo,
de inestimable precio; cuyas palabras son más armoniosas que el eco del viento y el rumor
de las palmeras... Y lo contemplo agobiado por el enorme peso de un leño ignominioso. Su
frente espaciosa y bella, como un trozo de cielo sin nubes, está atravesada por una
corona de juncos marinos erizados de punzantes espinas. De su santísima cabeza, inundada
de sudor y lágrimas, chorrearán abundantes regueros de sangre que con el polvo y salivas
hacen hacen de aquel rostro, antes tan venerable y hermoso, un conjunto informe y
repugnante a la vista. Sus labios purísimos, como el capullo de una rosa, no se
desplegarán sino para pedir perdón por aquellos que bárbaramente lo estaban
maltratando... Hecho, en fin, un varón de dolor. Cayendo a cada paso bajo la pesadumbre
de aquel madero afrentoso. Sin fuerzas. Escupido y lleno de llagas, hasta el extremo de no
tener nada sano desde la planta de los pies hasta el vértice de la cabeza... Traspasará
la puerta Judiciaria, después el torrente Cedrón y llegará a la cumbre del Monte de las
Calaveras, donde está preparada el ara para el sacrificio.
Representación de la Magdalena
JESÚS ¿Por qué lloras, Magdalena?
MAGDALENA Mi Jesús, pues eres el Sol
de Justicia, sabes la causa de mis lágrimas y, con las muestras de tu piedad, serás
testigo de mi amor. Si tu Padre te ama tanto, Jesús mío, que ha puesto en ti todas las
cosas y te concede lo que pidas... ¿Qué me podrás negar Tú a mí?. Soy un alma
pecadora y por el pecado tuve enfermedad. Hace tanto tiempo que te estuve buscando que,
con la soga de mis culpas y pecados que me arrastra, no podré entrar en el Reino de los
Cielos.
JESÚS Queda salvar tu alma, que mi
Padre Celestial también ampara a las pecadoras, a las que lloran sus culpas y pecados y
verdaderamente se arrepienten de ellos. Magdalena: deja tus galas, aborrece el mundo,
dedícate a la oración y anda siguiendo mis pasos hasta el Reino de los Cielos. ¡Vete en
paz, Magdalena! que tus pecados ya están perdonados.
Preludio de la
Pascua
SAN JUAN ¿Dónde quieres, Señor,
que te preparemos lo necesario para celebrar la Pascua?
JESÚS Id a la ciudad a casa de cierta
persona que encontraréis con un cántaro de agua y decidle: "Mi maestro ha dicho: su
tiempo se acerca, en tu casa quiere celebrar la Pascua con sus discípulos"
(San Juan marcha y dice esto a la
persona referida)
Celebración de la
Pascua
(Los discípulos con Jesús en
Jerusalén. Están en casa de la persona anterior, sentados ya a la mesa.)
JESÚS Sabéis que después de dos
días se celebrará la Pascua y el Hijo del Hombre será entregado a los judíos para ser
crucificado... (La Magdalena derrama el ungüento sobre los pies de Jesús).
JUDAS ¿A qué viene este
desperdicio?, ¿No se podía haber vendido a muy grande precio y dárselo a los pobres?
JESÚS ¿Por qué molestáis a esta
mujer? Lo que acaba de hacer conmigo es una buena obra. Porque siempre tendréis a los
pobres con vosotros. A Mí, no siempre me tendréis pues al derramar ella este ungüento
sobre mi cuerpo me ha ungido para ser enterrado. De cierto os digo que por donde quiera
que fuere predicado mi Evangelio por todo el mundo, se cantará también en alabanza lo
que acaba de hacer esta mujer conmigo.
Partición
del cordero.
JESÚS Es
preciso, hijos míos, que vaya a la muerte y que vaya voluntariamente porque mi espontáneo
sacrificio poblará a el cielo y la tierra de justos. Me separo de vosotros por amor y la
última palabra que os dirijo es que "Os améis los unos a los otros con amor
auténticamente fraternal": que sienta junto al mío las palpitaciones de vuestro
corazón. Dejad, hijos míos, que voluntariamente camine a la muerte para redimir a los
hombres. Mas no quiero separarme de vosotros sin daros antes mi bendición. (Les
bendice). ¡Hijos míos, que mi bendición os de fuerza en las tribulaciones y sostenga
vuestra fe cuando llegue para vosotros la hora del combate!
JESÚS Ved, ¡Oh, almas! este Cordero.
Lo veis desollado. Lo veis descoyuntado. Lo veis asado, muerto, consumido. Pues
haceos
cuenta de que me veis a mí. Mañana me veré yo desollado con más de cinco mil azotes.
Mañana me veré yo clavado en una cruz, asadas, consumidas todas mis entrañas con una
sed cruelísima sin más remedio que hiel y vinagre que la impiedad humana me hará beber.
Mañana me tengo que ver en un total desamparo de mi Padre, de mi madre y de todas las
criaturas. Mañana me veré yo en el Monte Calvario muerto con violencia de tormentos
inauditos. He aquí la causa de mi turbación: la vista y presencia de mis tormentos y de
mi muerte. (Bendice el pan). Tomad y comed: este es mi cuerpo. (Bendice el
cáliz). Bebed de ésta todos, porque ésta es mi sangre del Nuevo Testamento que será
derramada por vosotros y por muchos para la remisión de los pecados. Y os digo que no
beberé más de este fruto de la vid hasta aquel día en que le beberé nuevo en el Reino
de los Cielos.
JESÚS ¡Padre mío! Si este cáliz no puede pasar sin que yo le beba:
hágase tu voluntad. (bebe)
Lavatorio
(El Maestro se prepara para
realizar una faena de humildad: lavar los pies a sus discípulos. Toma una toalla y una
jofaina o palangana con agua y se pone a los pies de Pedro. Este queda asombrado y
dice:...)
PEDRO ¿Tú, Señor, me lavas a
mí los pies?
JESÚS Lo que yo hago contigo, tú no
lo entiendes ahora; más después lo entenderás.
PEDRO ¡No me lavarás los pies
jamás!
JESÚS Si no te lavare los pies, no
tendrás parte conmigo.
PEDRO ¡Ah, señor! No sólo mis pies,
sino las manos y la cabeza.
JESÚS El que está lavado no ha
menester lavar sino los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis. Aunque
no todos...
(Después de lavar los pies a los
discípulos)
JESÚS ¿Entendéis lo que yo he
hecho con vosotros? Vosotros me llamáis Señor y Maestro y decís bien, porque lo soy.
Pues, si yo siendo vuestro Señor y Maestro, os he lavado los pies; vosotros debéis
también lavaros los pies unos a otros, porque ejemplo os he dado para que, así como yo
lo he hecho con vosotros, así quiero que lo hagáis vosotros también.
(Pausa y con solemnidad)
De cierto os digo que uno de
vosotros me ha de entregar...
PEDRO ¿Soy yo acaso, Señor?
JESÚS El que mete conmigo la mano en
el plato, ese es el que me ha de vender.
JUDAS ¿Soy yo, por ventura, maestro?
JESÚS Tú lo has dicho.
JUDAS ¡Ya que me has conocido la
voluntad, no quiero nada tuyo! (Tira el plato y se marcha)
JESÚS A la verdad el Hijo del
hombre se va como está escrito de él, pero ¡hay de aquel hombre por quien el Hijo del
hombre será entregado!, ¡Mejor le fuera a ese tal no haber nacido!. Todos vosotros
padeceréis escándalo en mí esta noche porque escrito está: "Heriré al pastor y
se descarriarán las ovejas del ganado, más después de que hubiere resucitado, iré
delante de vosotros a Galilea".
PEDRO ¡Aunque todos se escandalicen
en ti, yo nunca me escandalizaré!
JESÚS De verdad te digo, Pedro, que
esta noche antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres.
PEDRO ¡Aún cuando me fuere necesario
morir contigo, no te negaré!
JESÚS (Jesús sigue diciendo
dirigiéndose a los demás) !Que vuestro corazón no se turbe absolutamente: creéis
en Dios, creed en mí también! Muchos aposentos hay en la casa de mi Padre. Voy a
preparar el lugar para vosotros. Y yo volveré y os llevaré conmigo a fin de que estéis
donde yo estoy: sabéis el lugar donde voy y conocéis el camino.
TOMÁS Señor, no sabemos a dónde
vas. ¿Cómo conoceremos el camino?
JESÚS Yo soy el camino, la verdad y
la vida. Ninguno llega al Padre sino por mí. Si me hubieseis conocido a mí
hubierais
conocido también a mi padre. Si me amáis pues a mí, guardad mis mandamientos y todo lo
que pidiereis en mi nombre yo lo haré a fin de que el Padre sea glorificado en el hijo.
Yo rogaré a mi Padre y Él os dará otro Consolador a fin de que permanezca en vosotros
para siempre. Este es el espíritu de verdad que el mundo no puede recibir porque no lo ve
ni lo conoce, más vosotros lo conoceréis porque estará con vosotros. No os dejaré
huérfanos. Vendré a vosotros y, dentro de poco, el mundo no me verá ya pero vosotros me
veréis. En aquel día conoceréis que estoy en mi padre y vosotros estáis en mí, y yo
en vosotros. Yo soy la verdadera viña y mi Padre es el viñador. El cortará todas las
ramas que no dan fruto y podará las que lo dan a fin de que produzcan más. Y así como
el sarmiento de la cepa no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la cepa, lo
mismo sucede con vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la cepa y vosotros los
sarmientos. El que permanezca en mí y yo en él dará gran fruto, pero sin mí no podéis
nada. Perseverad en mi amor: amaos unos a otros como yo os he amado. Seréis mis amigos
si hacéis todo lo que yo os mando. Si el mundo os aborrece sabed que me ha aborrecido a
mí antes que a vosotros. Acordaos de lo que os he dicho: el siervo no es mayor que su
señor: si me han perseguido a mí también os perseguirán a vosotros. Si yo no hubiera
hecho con ellos cosas que ningún otro hombre ha hecho no serían absolutamente culpables
pero ahora no tienen excusa por su pecado: han visto estas cosas y las han aborrecido y a
mí y a mi Padre. Cuando venga el Consolador, el Espíritu de verdad que yo os enviaré de
parte de mi Padre y que procede de Él, dará testimonio de mí y vosotros también
daréis testimonio porque estáis conmigo desde el principio. Se acerca el tiempo en que
os arrojarán de las sinagogas y en que cualquier persona que os quite la vida pensará
ser agradable a Dios. Y obrarán de este modo porque no me han conocido a mí ni a mi
Padre.
Ahora que os he dicho todo esto,
vuestro corazón está lleno de tristeza. Al menos, os he dicho la verdad. Os es ventajoso
el que yo me vaya, porque si no me voy, el consolador no vendrá a vosotros; pero si os
dejo yo os lo enviaré.
Todavía tengo muchas cosas que
deciros pero no podríais entenderlas ahora. Cuando descienda el Espíritu de Verdad, os
manifestará la inteligencia de toda verdad.
Llega la hora, y ha llegado ya, en que
os dispersaréis y me abandonaréis. Más yo no estaré solo porque mi Padre está
conmigo.
Os he hablado así a fin de que
tengáis la paz en mí. Tendréis grandes tribulaciones en el mundo pero ¡tened ánimo:
yo he vencido al mundo!.
Oración de Jesús
al Padre
(Apartado un tanto de sus
discípulos, dirige a su Padre la siguiente oración...)
JESÚS ¡Padre mío, ha llegado la
hora. Glorifica a tu hijo a fin de que comunique la vida eterna a todos aquellos a quienes
Tú la has dado. Te he glorificado sobre la tierra. He acabado la obra que me
encomendaste. He manifestado tu nombre a los hombres que Tú me has dado: han guardado tu
palabra y han sabido que todo lo que he recibido viene de Ti. Padre Santo consérvales por
tu nombre a fin de que sean una cosa como nosotros. He guardado los que Tú me has dado y
ninguno se me ha perdido sino Judas, el hijo de perdición, para que se cumpliese la
escritura. Yo les traje Tu palabra y el mundo les aborreció porque no son del mundo, así
como yo. Yo no te ruego que les quites del mundo sino que les preserves del mal.
Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Yo no ruego por ellos solamente, sino
también por aquellos que deben creer en mi palabra. Padre mío: yo deseo que donde yo
estoy estén también conmigo los que Tú me has dado a fin de que contemplen la Gloria
que tú me has concedido, porque me has amado antes de la creación del mundo. ¡Padre
justo, el mundo no te ha conocido! Pero yo te he conocido y estos han sabido que Tú me
enviaste. Yo les hice conocer tu nombre a fin de que el amor con que me amaste esté con
ellos y yo en ellos y que sean una misma cosa como somos nosotros.
Oración del huerto
(Jesús se dirige luego a sus
discípulos y les dice...)
JESÚS Quedaos aquí en tanto que
yo voy y hago oración. (Aparta tres apóstoles y les dice...) Mi alma está triste
hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo. (Se dirige solo al huerto y eleva al
Eterno Padre la siguiente oración...)
¿Qué más
debí hacer por ti ¡Oh, Israel!, que no lo haya hecho?. Te planté como viña hermosa y
tú te has hecho tan amarga para mí que apagarás mi sed con vinagre; te saqué de Egipto
sumergiendo al faraón en el Mar Rojo y tú me dejas en poder de los príncipes de los
sacerdotes; te abrí paso por entre las olas del mar y tú abrirás mi costado con una
lanza; te guié por el desierto hasta llegar a la tierra de promisión y tú me llevarás
al Pretorio de Pilatos, con el maná te di alimento que llevaste a tu boca y tú me darás
en cambio bofetadas y azotes; con el agua saludable que hice brotar de una roca aplaqué
tu sed en el desierto y tú me la aplacarás a mí con hiel y vinagre; por ti herí
implacablemente a los reyes de los cananeos y tú herirás tu cabeza con una caña; yo te
di un cetro real y tú colocarás en mis sienes una corona de espinas; yo te he exaltado
con mi poder sin límites y tú me elevarás al patíbulo infamante de la cruz.
¡Padre mío!
¡Que esta cabeza mía venerada, donde está el sol de los cielos, haya de ser ceñida con
diadema de espinas! ¡Que estos ojos míos, en los cuales encienden sus luces los
serafines más sabios, hayan de ser oscurecidos con salivas! ¡Que estas mejillas
adorables hayan de tomar el color de la grama y el carmín, al rudo golpe de manos
pecadoras, tiñéndose con vergonzoso ardor! ¡Que esta boca, de la cual están pendientes
los ángeles, haya de templar los rigores de una sed abrasadora con la hiel amarga! ¡Que
estas espaldas, que sostienen los cielos poblados de altas majestades y orbes de eterna
gloria, hayan de sufrir cruelísimos azotes! ¡Que estas manos, que reparten el pan de
vida eterna a las nueve angélicas legiones, hayan de ser clavadas en un madero!...
Habla el arcángel
ARCÁNGEL El
Dios de las victorias y señor de los que dominan, el que asentó en el vacío de al
inmensidad los ejes de la tierra; el que cubrió con sus alas los abismos y con su diestra
hizo brotar las fuentes de las aguas formando un mar sin islas ni riberas; el que
desvaneció las tinieblas que envolvían el globo y levantó muros de arena al océano y
condensó el agua en las alturas para formar la lluvia y el rocío; el que fabricó la
aurora, el sol y las estrellas; el que hace humear los montes de granito con el simple
contacto de su dedo; el que derroca los tronos de todos los poderíos y de todas las
realizas con el solo oscilar de sus pupilas; el que informa y hace vibrar las esencias de
las cosas y mantiene en palpitaciones eternas los últimos principios de los seres,
deleitándose en la sublimidad de sus armonías inefables... ¡Ese es el hombre que hace
estremecer con sus ayes lastimeros las hojas de los cedros y desfallece de dolor y suda
arroyos de sangre!
¡Miradle herido
por el rayo de todas las tempestades! El padre no le escucha. Los apóstoles se han
dormido. Y Judas, aquel discípulo que acaba de comulgar en el regalado banquete del
cenáculo, se acerca con sus huestes atronando los espacios con rugidos y blasfemias
feroces. ¡Qué espectáculo!¿Dónde está el poder de la oración? ¿Dónde la virtud de
esa sangre que tiñe las aguas del torrente y salpica los troncos de los árboles y se
pierde entre las capas de la tierra? ¡Ah...!
¡Bien pronto
descenderá a la arena el gladiador de los siglos y con un "YO SOY" derribará
en tierra la soberbia de los unicornios, los leones y los dragones. Bien pronto subirá al
árbol de la cruz y al extender sus brazos sobre ella romperá todas las cadenas de la
servidumbre y dará al mundo la libertad!
¡Padre mío, todo es posible,
traspasa de mí este cáliz de amargura! Más no se haga lo que yo quiero sino lo que Tú.
(Se vuelve a los apóstoles que estaban dormidos) ¡Pedro, Pedro! ¿No has podido
velar una hora conmigo? Velad y orad para que no entréis en tentación. El Espíritu, a
la verdad, está pronto; más la carne, flaca. (Y se retira a orar por segunda vez)
JESÚS
¡Jerusalén!, ¡Jerusalén! ¡Cuántas veces he querido congregar a tus hijos bajo las
alas de mi protección como la gallina cobija a sus polluelos! Y tú rehusaste esta tierna
solicitud de amor. ¡En ti, ciudad decidida, se han de verificar las singulares escenas
que tienen afligido al mundo, y los poemas tristísimos de dolor, sellando tus crímenes
con el sacrificio del Hijo Unigénito del Eterno Padre! Tú has de dar muerte al salvador
de los hombres, y por eso los castigos del cielo pesarán toda la vida sobre tus hijos que
llorarán su destierro después de no haber quedado piedra sobre piedra de tus humildes
moradas, soberbios palacios y magníficos edificios...
¡Padre mío: el
Hijo que te sirvió de brazo omnipotente para crear los mundos, el que habla contigo en
luz inaccesible; abre sus labios suplicantes bañados en amargura y en su lucha con la
fiera muerte a ti presenta sus méritos. Perdónalo, si es posible, de una muerte cruel...
JESÚS ¡Padre mío! Si
este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
(Vuelve donde los apóstoles que
están de nuevo dormidos y dice...)
¡Dormid ya y descansad! He aquí
llegada la hora y el hijo del hombre será entregado en manos de los pecadores.

A la suprema
gloria del redentor del mundo fuiste como hijo predestinado, habiendo de ser el término
de tus batallas salvadoras morir en una cruz. Y la soberana voluntad no se muda con el
transcurso de los siglos. Y losa príncipes del cielo, al oír la revelación de los
divinos misterios, la celebrarán con sobrehumanas melodías: unos tañen sus liras de
oro, otros ponen las delicadas manos en las arpas; y otros en las suaves cítaras,
resonando por doquier himnos celestiales. Rendida entonces la oración a los inefables
designios, dice humildemente:
"El fuego,
el aire y el viento, el cielo, la tierra y el mar, los días, las noches y el rocío te
bendecirán diciendo: ¡SANTO!, ¡SANTO!, ¡SANTO!... Y retumbando esta voz pura de
alabanza en el sagrado empíreo el monarca del alto mundo, para dar a la víctima
consuelo, mandará un ángel -uno de los que a Luzbel vencieron- para que te conforte,
para que prosigas la emprendida senda de dolores con que redimirás al linaje humano.
JESÚS ¡Levantaos! ¡Vamos! ¡Ved
aquí que se acerca el que me ha de entregar!
Entrega de Jesús a
los judíos
(Judas, que ya
había convenido con los jerifaltes la entrega de Jesús y el modo de hacerlo, se acerca
al Maestro y le dice...)
JUDAS ¡Dios te salve, Maestro!
(Le da un beso)
JESÚS Amigo, ¿a qué has venido?
¿Con un beso entregas al Hijo del hombre? (dirigiéndose a los judíos dice...)
¿A quién buscáis?
JUDÍOS A Jesús de Nazaret.
JESÚS Yo soy. (Caen los judíos
desmayados) ¡Levantaos! Vamos a ver, ¿a quién buscáis?
JUDÍOS A Jesús de Nazaret.
JESÚS Os he dicho que yo soy. Si me
buscáis, pues, a Mí; dejad ir a estos (Se refiere a sus apóstoles).
(Dicho esto, los judíos le prenden.
Al prenderle Pedro, que seguía de cerca todo esto, saca su espada y corta la oreja de un
tal Malco. Al ver esto dice Jesús dirigiéndose a él -a Pedro-..)
JESÚS ¡Pedro, Pedro! ¡Vuelve tu
espada a su lugar porque todo el que tomare espada perecerá con espada! ¿Acaso crees que
no puedo rogar a mi Padre y enviará al momento más de doce legiones de ángeles?
(Ahora se dirige a los judíos) Habéis venido armados de espadas y de palos para
prenderme como si fuera un ladrón. Todos los días estaba sentado en medio de vosotros,
enseñando en el templo y no me prendisteis, pero ha llegado vuestra hora y con ella el
poder de las tinieblas.
Jesús en casa de
Anás
(Jesús es
llevado a casa de Anás. Los judíos se presentan ante él)
JUDÍOS Aquí te traemos a este
falso profeta, que quiere abolir nuestra ley con su doctrina que esparce en la sinagoga y
en el templo queriendo hacerse Hijo de Dios y Rey de los judíos.
ANÁS (Se dirige a Jesús) ¿Con
qué autoridad haces tú esas cosas y quién te ha dado ese poder?
JESÚS Yo también os dirigiría una
pregunta y, si me respondéis a ella, os diré con qué autoridad hago yo estas cosas.
¿De dónde era el bautismo de Juan: del cielo o de los hombres?
ANÁS No sabemos.
JESÚS Yo tampoco os diré con qué
autoridad hago esto.
ANÁS ¿Cómo probarás tu derecho
para hacer tú estas cosas?
JESÚS Destruid el templo de Dios que
en tres días lo levantaré.
ANÁS ¿Cómo levantarás tú este
templo en tres días cuando se han empleado cuarenta y seis años en edificarle?
JESÚS No creáis que Yo he venido a
abolir las leyes de los profetas. Mi misión no es abolir, sino cumplir.
ANÁS Maestro, sabemos que eres
verídico, que enseñas las vías de Dios en toda verdad sin reparar a quién porque tú
cuentas por poco la calidad de los hombres; dinos, pues, lo que piensas de esto: ¿es
permitido o no pagar tributo al César?
JESÚS ¿Porqué me tentáis,
hipócritas? ¡Enseñadme la señal del tributo!
ANÁS Héla aquí.
JESÚS ¿De quién es esta imagen y
esta inscripción?
ANÁS Del César.
JESÚS Dad al César lo que es del
César y a Dios lo que es de Dios.
ANÁS Yo, Anás, le mando a casa de mi
yerno Caifás para que le juzgue.
(Se le entrega a los judíos para
que le lleven a casa de Caifás)
Primera
negación de Pedro
(Mientras todo esto sucedía,
Pedro andaba por las afueras del Palacio. Invitado a entrar lo hizo y se sentó junto a
los criados y los ministros que se estaban calentando alrededor de un brasero. La portera,
sospechando que aquel hombre fuera discípulo de Jesús, se acercó a él y le dijo...)
PORTERA ¿Acaso también tú eres
de los discípulos de este hombre?
PEDRO No soy.
PORTERA También tú andabas con
Jesús Nazareno.
PEDRO Mujer, no conozco a ése, ni sé
si entiendo lo que dices.
(Pedro salió fuera y cantó el
gallo)
Jesús ante
Caifás
NICODEMUS Aquí va a cometerse una
infamia.
JOSÉ DE ARIMATEA Tal creo.
NICODEMUS Estoy dispuesto a la
defensa.
JOSÉ DE A. Amigo, creo que todo será
en vano.
CAIFÁS Acercarme a ese embaucador (Malco
trae a Jesús).
¡Óyeme, falso profeta, y
responde sin turbarte. Habla como lo hacías en la sinagoga y en Galilea.
NICODEMUS Caifás, este hombre está
acusado pero no condenado. Manda a tus servidores que le respeten, que le desaten y que le
concedan el derecho a defenderse con libertad pues, de lo contrario, La Ley de nuestros
mayores se verá hollada a los pies de estos miserables.
JOSÉ DE A. Pido lo mismo que mi
compañero Nicodemus.
(Caifás da la orden de que lo
desaten y que se acerque. Luego llama a los testigos.)
NICODEMUS Caifás no des crédito
a esos hombres. Piensa que Jesús, en vez de ser un falso profeta, puede ser un enviado de
Dios, un elegido del Santo de los santos.
CAIFÁS "Nada bueno saldrá de
Galilea" han dicho las escrituras y Jesús es galileo.
NICODEMUS Sí, pero Jesús ha nacido
en Belén y la escritura dice: "Saldrá un profeta de la raza de David y de la ciudad
de Belén"
CAIFÁS ¿Eres tú el defensor de ese
hombre?
NICODEMUS Los fariseos respetan la
Ley. Si Jesús es culpable medidle con la medida que a los demás hombres. La justicia
debe ser recta como la torre de David y firme como las rocas del Sinai.
CAIFÁS (De pie) Eres tú el
defensor de este hombre, Nicodemus?
NICODEMUS Ni acuso ni defiendo. Sólo
quiero que la ley no se degrade.
CAIFÁS (A los judíos) Hablad
vosotros. ¿qué sabéis de este hombre?
JUDÍOS A este hemos hallado
seduciendo a nuestra nación y prohibiendo pagar los tributos al César y
diciendo ser
él Cristo Rey.
CAIFÁS (A Jesús) ¿Qué
doctrina predicas?
JESÚS Yo he hablado al mundo
públicamente. Yo siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo donde se juntan los
judíos y nada he hablado ocultamente. ¿Porqué me preguntas a mí?. Pregunta a esos que
me han oído hablar que ellos saben lo que he dicho.
MALCO ¿Así respondes al Pontífice? (Da
a Jesús una bofetada)
JESÚS Si he hablado mal, muestra
en qué está mal. Y si bien, ¿porqué me pegas?
(le vendan los ojos)
CAIFÁS Traedme un testimonio de
verdad contra este hombre.
JUDÍOS Nosotros le hemos oído decir:
"Yo destruiré el templo de Dios y en tres días lo reedificaré"
CAIFÁS ¿Nada respondes a lo que
estos atestiguan contra ti? ¡Por Dios vivo te conjuro que nos digas si tú eres el
Mesías, el Hijo de Dios!
JESÚS Tú lo has dicho. Pero yo os
digo que dentro de poco habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder
de Dios y viniendo en las nubes del cielo.
CAIFÁS ¡Ha blasfemado! ¿Qué
necesidad tenemos ya de testigos? Ahora mismo habéis escuchado la blasfemia ¿qué os
parece?
JUDÍOS ¡Reo es de muerte!
CAIFÁS Yo, Caifás, gran sacerdote
aquí en Jerusalén, con el título y dignidad de Soberano Sacrificador, atestiguando los
hechos de este hombre y aprobado que es falso profeta, le mando al presidente de la
Interior Galilea, Poncio Pilato, regente en Jerusalén por el Imperio Romano. Se le
entregaréis para que le sentencie a la muerte más cruel e ignominiosa.
(Antes de mandarle a Pilatos, los
sacerdotes, escribas, criados y ministros le escupían, le cubrían el rostro y le daban
bofetadas y le decían: ¡Cristo!, ¡Mesías!, ¡Adivínanos! ¿Quién te ha dado este
golpe? ... y también le decían muchas blasfemias...)
Segunda
negación de Pedro
(Mientras Jesús
era juzgado dentro, Pedro después de la primera negación había salido al portal y
estaba allí , separado de la turba. Una portera que entraba y salía con recados, al
verle, dijo a los que allí estaban calentándose...)
PORTERA También este (por
Pedro) estaba con Jesús Nazareno.
PEDRO Que no conozco a ese hombre.
UNO DE ELLOS Tú también eres de
ellos (se lo dice a Pedro).
PEDRO Hombre, no soy. (y se
pone al fuego a calentarse con los demás)
TODOS ¿Eres tú de sus
discípulos?
PEDRO No soy.
(Sigue dentro el juicio de Jesús y
Pedro conversa con los judíos empeñado en disimular sus relaciones con el Maestro)
Tercera
negación de Pedro
UNO DE ELLOS
Verdaderamente, también éste estaba con aquél, porque es galileo.
PEDRO (Turbado) Hombre, no sé
de lo que hablas.
VARIOS Sí, tú eres de ellos. Porque
hasta tu modo de hablar te delata.
PARIENTE DE MALCO ¿Acaso no te vi yo
mismo en el huerto con él?
PEDRO (Jurando y perjurando) ¡Que
no conozco a ese hombre que decís!
(Y al punto, cuando aún él estaba
hablando, cantó por segunda vez el gallo. Llevaban a Jesús a la prisión y, al pasar
junto a Pedro, volvió un poco la cabeza y mirole. Pedro se acordó de la profecía del
Maestro. Se escabulló como pudo. Salió fuera y se puso a llorar)
La
desesperación de Judas
(Judas, lleno de pesar y
remordimiento, se acerca a los príncipes de los sacerdotes que iban donde Pilatos
llevando al reo para ser juzgado)
JUDAS ¡He pecado vendiendo sangre
inocente!
JUDÍOS (Sorprendidos) Y eso...
¿qué nos importa a nosotros?. ¡Allá tú te las arregles! (Y prosiguen sin hacerle
caso)
(Judas, horríblemente atormentado,
creyó que podía deshacer lo hecho y quería devolver el dinero. Al no recibírselo los
sacerdotes arrojó las monedas en el templo. Un día fue, cogió un lazo, entró en el
mismo campo que se había comprado con su dinero, colgó el lazo de un árbol y del lazo
se colgó él. Se rompió la cuerda, cayó en tierra, dio con su faz y pecho en el suelo y
se reventó)
JUDÍOS (Recogen las monedas
del templo) No es lícito meter este dinero en el tesoro porque es el precio de la
sangre.
OTROS Compraremos un campo que será
destinado a sepultura de los peregrinos que mueran en la ciudad y no tengan enterramiento.
Jesús ante Pilatos
PITLATOS (Dirigiéndose a los
judíos) ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
JUDÍOS ¡Juez romano! hemos
encontrado a este hombre revolviendo al pueblo, impidiendo pagar el tributo al César y
titulándose Cristo Rey. Debe ser juzgado como malhechor pues, si no fuera malhechor, no
te lo hubiéramos entregado.
PILATOS Tomadle, pues, vosotros y
juzgadle según vuestras leyes. Si ese hombre pecó contra vuestra ley,
juzgadle
vosotros. ¿Qué tiene que ver Roma con vuestras creencias religiosas?. Vosotros decís
que es malhechor. Yo no lo creo. Pues bien, juzgadle vosotros y castigadle. Yo doy por
bien hecho cuanto hagáis.
JUDÍOS A nosotros no nos es permitido
dar muerte a nadie.
PILATOS Si le acusáis de crímenes
que merecen la muerte estoy dispuesto a oíros hablar.
JUDÍOS Además de lo dicho este
hombre ha dicho que destruye el templo de Jerusalén y en tres días lo reedificará.
Hechiza al pueblo con sus milagros, esparce su doctrina y perturba nuestra ley. Nos es
preciso detener sus pasos.
(Pilatos manda llamar a Jesús a su
presencia)
PILATOS ¡Paje, llama a Jesús,
que venga!
PAJE (Dirigiéndose a Jesús) Mi
señor te espera, sigue mis pasos.
PILATOS ¿Eres tú el Rey de los
Judíos?
JESÚS ¿Dices tú eso de ti mismo o
te lo han dicho otros de mí?
PILATOS (Enfadado) ¿Acaso soy
yo judío? Tu gente y los pontífices te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho
para que te deseen la muerte con tanto empeño?
JESÚS Mi reino no es de este mundo.
Si mi reino fuese de este mundo, de seguro mis ministros lucharían para que no fuese yo
entregado a los judíos. Pero no, mi reino no es de este mundo.
PILATOS ¿Eres, por ventura, rey?
JESÚS Bien dices, yo soy rey. Yo he
nacido y venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad,
oye mi voz.
PILATOS (Un poco desdeñoso) ¿Y
qué es la verdad? (Y sale fuera)
(Dirigiéndose a los judíos) Ningún
delito hallo en este hombre.
JUDÍOS Medita lo que dices. Jesús ha
cometido en Galilea toda clase de sacrilegios (Lanzan muchas acusaciones y cuantas
injurias pueden. Mientras Jesús calla.)
PILATOS ¿No oyes cuántos
testimonios dicen contra ti? ...(Jesús sigue sin pronunciar palabra)
JUDÍOS Está revolviendo el
pueblo por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.
PILATOS ¿Luego Jesús es galileo?
JUDÍOS Sí, de Nazaret.
PILATOS Entonces llevadle a Herodes,
el Tetrarca de Galilea, que se halla en su palacio de Jerusalén con motivo de las
Pascuas. Decidle de mi parte que le juzgue él. No es decoroso que me entrometa yo en los
delitos de sus súbditos.
Jesús ante Herodes
PAJE (Dice dirigiéndose a
Herodes) Pilatos te envía a Jesús Nazareno para que le juzgues según tu recta
justicia tuviere por conveniente.
HERODES No podéis pensar, venerables
sacerdotes, lo que os agradezco que me presentéis a este hombre: hace ya tiempo que la
fama de sus milagros suena en mis oídos. Deseaba ver uno de sus prodigios. (Dirigiéndose
a Jesús) Acércate, profeta, no temáis. Muéstrame tus habilidades. Confunde mi poca
fe. Vamos, haz un milagro...
(Jesús calla)
HERODES ¿Eres mudo, por ventura?
¿Por qué no me confundes? Asómate a esta ventana desde donde se ve la torre de David y
dila que te salude...
(Jesús calla)
HERODES ¿Olvidas que soy el
Tetrarca de Galilea y que tu silencio puede costarte caro?
(Jesús se ríe)
HERODES ¡Miserable! ¡Haz un
milagro o de lo contrario el rigor de mi cólera caerá sobre tu cabeza!
(Jesús calla)
HERODES Hago mal en irritarme
contigo. Sin duda, ilustre rey, me consideras inferior a tu persona y me desprecias, pero
prometo adorarte como a Dios si logras resucitar a tu abuelo David. Haz ese milagro y
caigo de rodillas a tus pies.
(Jesús calla)
JUDÍOS Ilustre Tetrarca, este
hombre es engañador: tú le ofreces una corona por un milagro y no le hace.
HERODES (Encolerizado)
¡Ponedle esta túnica blanca y llevádsele a Pilatos y que le juzgue por loco!
Jesús vuelve ante
Pilatos
PAJE DE H. (A Pilatos) Señor,
el paje de Herodes desea hablarle.
PILATOS ¿Qué quieren de mí esos
furiosos?
PAJE. El Tetrarca te envía a Jesús.
HERODES Que entre ese hombre (el
paje).
PAJE DE H. Mi amo me envía para
decirte que te agradece que le hayas enviado a Jesús y que desde este mismo momento te
ruega des a olvido todo lo pasado y le reconozcas por amigo fiel del augusto Tiberio (antes
eran enemigos Herodes y Pilatos).
PILATOS (Al paje)
Di a
tu amo que puede contar con mi amistad, pero ¿porqué no juzga él a Jesús?
PAJE DE H. Porque mi amo piensa que
ese hombre, más que un criminal, es un loco.
PILATOS Esas fieras acabarán por
degollar al inocente cordero. (Baja las escaleras y sale a la puerta) ¡Israelitas!
¿Qué queréis de mí?
JUDÍOS ¡La cruz para este hombre!
PILATOS (Sale a la puerta) Me
habéis presentado a este hombre como revolvedor del pueblo y ya habéis visto que
preguntándole ante vosotros no he hallado en él ninguna culpa de esas de que le
acusáis. Le mandé a Herodes y tampoco el Tetrarca le cree culpable ni nada se ha probado
que merezca la muerte. ¿Por qué le queréis matar?. Voy, pues, a castigarle y dejarle en
libertad.
Jesús es pospuesto
a Barrabás
PILATOS Es
costumbre vuestra que en Pascua os suelte un preso. A quién queréis que os suelte ¿a
Barrabás o a Jesús, que se dice el Mesías? (Les deja reflexionar, sentándose en su
tribunal)
PAJE DE P. (Con un recado de su
mujer) Pilatos, tu esposa me envía para decirte que no te metas nada con ese justo;
porque ha sufrido mucho en sueños esta noche por él.
PILATOS (Sale de nuevo y teniendo a
su lado a Jesucristo, dice a los judíos) ¿A quién queréis que os suelte de los
dos?
JUDÍOS ¡Quita a éste y suéltanos a
Barrabás!
PILATOS Pues ¿qué queréis que haga
de Jesús, del rey de los judíos que se dice el Mesías?
JUDÍOS ¡Crucifícale!,
¡Crucifícale!.
(Pilatos manda soltar a Barrabás y
se mete dentro a dar órdenes)
Jesús es
azotado
(Pilatos llama a
los verdugos y manda que azoten a Jesús, quedándose él mientras esto se hacía en las
habitaciones interiores conferenciando con sus amigos y oficiales y buscando nuevos modos
de salvar la vida de aquel inocente. Desnudan a Jesús, atan sus muñecas a la argolla de
la columna, que es baja para poder presentar las espaldas a los golpes de sus verdugos y
comienza la flagelación)
Jesús es
coronado de espinas y burlado
(Acabada la flagelación,
retiran al reo ensangrentado al Pretorio para que descanse un poco y le cubren de
cualquier modo con sus vestidos. Los soldados se proponen divertirse a costa de Jesús; le
sientan en un poyete, le quitan los vestidos y le ponen sobre sus espaldas una clámide
vieja de púrpura, color propio de reyes, de emperadores y generales; y se la echan sobre
sus espaldas)
SOLDADOS Vamos a coronarle de rey (hacen
una corona de espinas y con gestos cómicos y grotescas reverencias se la colocan en la
cabeza. Luego toman una caña y se la ponen entre los dedos de sus manos amarradas,
queriendo simular el cetro de rey. Todos los soldados, en son de burla, desfilan ante su
presencia, doblan su rodilla al pasar y le adoran y le saludan diciendo "¡Salve,
rey de los judíos". Le escupen, le hieren su cabeza y le dan bofetadas.)
Ecce Homo
PILATOS (Que llega a la sala en
que está el preso. Toma la mano al reo, lo asoma al exterior. Desde allí impone silencio
y dice...) Os le traigo afuera para que conozcáis que no hallo en él culpa alguna:
¡Ecce homo! ¡Veis aquí al hombre, al que acusáis de que se hizo rey! ¡Mirad cuan
lejos está de parecerlo!¡Veis aquí al hombre a quien acusáis de engañador y
revolvedor del pueblo, tan abatido y maltratado que ya no habrá quien se engañe con él,
ni quien le estime ni haga caso de lo que predecía.! ¡Veis aquí al hombre, a quien
acusáis de que se hizo Dios, tan lejos de serlo ni de parecerlo, que ni un hombre parece!
Pues... ¿qué más queréis de este triste y afligido hombre? ¿qué pretendéis hacer de
él?. Contentaros con lo hecho. ¡Dejadle! que el va tal, que a buen seguro nunca más
parezca delante de vosotros.
JUDÍOS ¡Crucifícale!,
¡Crucifícale!, ¡Quítale!, ¡Quítale!...
PILATOS Tomadle vosotros y
crucificadle, que yo no encuentro en él causa alguna.
JUDÍOS Nosotros tenemos ley y según
la ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios.
CAIFAS ¿Qué hacer ya? Conocemos que
este hombre tiene hechizado al pueblo con sus milagros y que de nada nos sirven contra él
todas nuestras trazas. Su autoridad va subiendo y la nuestra cayendo día a día; más,
muy en breve, si no le detenemos los pasos, tendremos el sentimiento de verle reconocido
por el Mesías y de ser nosotros mirados con general desprecio. No hay que perder tiempo.
Nos es preciso acabar con él.
PILATOS (Toma a Jesús y se mete en
el Pretorio con él a solas) ¿De dónde eres tú?
(Jesús calla)
PILATOS ¿A mí no me hablas? ¿No
sabes que tengo poder para crucificarte y poder para salvarte?
JESÚS No tendrías sobre mí poder
alguno, si no te lo hubiesen dado desde arriba. Por eso el que me ha entregado a ti tiene
mayor culpa.
PAJE Tu esposa me envía a decirte que
no olvides tu promesa, que respetes la vida del nazareno porque es hombre justo. (Se
va).
PILATOS ¡Judíos! He interrogado
por tercera vez a Jesús y mi conciencia me dice que es inocente. (Griterío). ¡Pueblo!
En vano será que vociferes al pie de mis balcones. Jesús es justo, y es horroroso para
un juez firmar la sentencia contra un justo. Pido, pues, su libertad. (Mayor
griterío).
JUDÍOS ¡Pilatos! Piensa que
olvidas tus deberes. Jesús se ha proclamado rey de los judíos, cuya dignidad corresponde
a Tiberio, tu dueño y el nuestro por derecho de conquista. Ese hombre que defiendes es un
enemigo del César. ¡Ay de ti, Pilatos, si tu conducta en este día llega a oídos del
señor del mundo, el inmortal Tiberio! Si das libertad a ese, no eres amigo del César.
Porque todo el que se hace rey a sí mismo va contra el César.
PILATOS Pues bien: ya que lo queréis,
sea. ¡He aquí a vuestro rey, al que queréis crucificar!
CAIFÁS Nuestro rey es el César. A
él sólo debemos acatamiento. Jesús es un trastornador público.
PILATOS He de advertir que la sangre
del justo cae como plomo ardiente sobre la conciencia del asesino.
CAIFÁS Y JUDÍOS ¡Su sangre caiga
sobre nosotros y sobre nuestros hijos!
PAJE Dios te perdone el sacrilegio que
vas a cometer. Tu esposa te devuelve tu sello y tu palabra (se va).
PILATOS (Se lava las manos)
Pongo al cielo por testigo de que soy inocente de la sangre de este justo. La cólera
celeste caiga sobre mis verdugos. (Se dirige a entregarle a los lictores. Dice a los
judíos...) ¡He aquí a vuestro rey!.
PONTÍFICES Y JUD. No tenemos más rey
que el César.
(Entonces Pilatos se lo entrega
para ser crucificado, pero antes de eso dicta la siguiente sentencia...)
PILATOS Tenor de la sentencia que
doy yo, Pilatos, contra Jesús Nazareno:
"Yo, Poncio Pilato, Presidente de
la Interior Galilea; aquí en Jerusalén, regente por el Imperio Romano, dentro del
Palacio de Archipresidencia: juro, sentencio y pronuncio a muerte a Jesús, llamado de la
plebe Nazareno, y de patria galileo, hombre sedicioso contrario a la ley de nuestro pueblo
y del grande emperador Tiberio César.
Y por la dicha mi sentencia determino
que su muerte sea: crucificado con clavos a usanza de reos.
Porque aquí, juntando y congregando
cada dia muchos hombres pobres y ricos, no ha cesado de promover tumultos por toda Judea;
haciéndose Hijo de Dios y Rey de Israel con amenazarles la ruina de esta insigne ciudad y
su templo de Jerusalén y del Sacro Imperio; negando pagar el tributo al César. Y por
haber tenido atrevimiento de entrar, con ramos y triunfos con gran parte de la plebe,
dentro de la misma ciudad de Jerusalén y en el sacro templo de Salomón.
Mando al primer centurión, llamado
Quinto Cornelio, que le lleve por la dicha ciudad de Jerusalén a la vergüenza ligado
así como está ; azotado por mi mandato. Y seanle puestas sus vestiduras para que sea
conocido de todos. Y la propia cruz en que ha de ser crucificado vaya en medio de los
otros dos ladrones, que así mismo están condenado a muerte por hurto y homicidios que
han cometido, por todas las calles públicas para que de esta manera sea ejemplo de todas
las gentes malhechoras.
Quiero así mismo y mando por esta mi
sentencia que, después de haberle traído aquí por las calles públicas a este
malhechor, le saquen de la ciudad por la puerta de la Torre Antonia y, con voz de
pregonero que diga todas estas culpas en esta mi sentencia, le lleven al monte que se
llama Calvario; donde se acostumbra a ejecutar por hacer la justicia a los malhechores y
facinerosos, y allí fijado y crucificado en la misma cruz que llevará como arriba se
dijo, quede su cuerpo colgando entre los dichos ladrones. Y sobre la cruz, y en lo más
alto de ella, le sea puesto el título de su nombre en las tres lenguas: hebrea, griega y
latina. Y que en todas ellas y cada una se diga: REY DE LOS JUDÍOS, para que todos los
entiendan y sea conocido de todos.
Así mismo mando, so pena pena de
perdición de bienes y de la vida y de rebelión al Imperio Romano, que ninguno de
cualquier estado y condición que sea se atreva temerariamente a burlar la dicha justicia
por mi mandada hacer. La que será pronunciada, administrada y ejecutada con todo rigor,
según los decretos y leyes romanas y hebreas.
Año de la creación del mundo cinco
mil doscientos treinta y tres. Día catorce de marzo.
Que así es mi voluntad. Amén.
Camino del Calvario
PILATOS (Dada la sentencia, se
vuelve a Jesús y le dice...) "Ibis ad crucem". Irás a la cruz. (Se
vuelve al lictor y le dice...). ¡Vete, lictor, y prepara la cruz!
JESÚS (Al coger la cruz) Ya
hace treinta y tres años que te ando buscando. Ven a mí, amada mía. Para morir en ti
bajé del cielo.
JUDÍOS Dinos, falso profeta,
¿cuándo caerá el templo?, ¿cuándo vendrán las legiones de ángeles a defenderte?
¡Por Júpiter, que debe ser una gran batalla la que se de entonces! Pelear con los
hombres es muy vulgar, pero con los ángeles es otra cosa... ¡Oh, ya varía la cosa!
¡Ja, ja...!
(Carga Jesús con la cruz y los
ladrones con la suya. El pregonero va delante, cantando el siguiente pregón...)
PREGONERO "Aquí tenéis a
Jesús Nazareno, sentenciado a muerte" (tocar) "Por hurtos y homicidios
que ha cometido"... "Este hombre es sedicioso contra la ley y nuestro
senado"... "También contrario del grande Emperador Tiberio César"...
"haciéndose Hijo de Dios y Rey de Israel y amenazando la ruina de este santo
templo"... "Por sus malos hechos está sentenciado a muerte de cruz"
"para que de esta suerte sirva de ejemplo a todos los malhechores y facinerosos"
... "Este falso profeta será ajusticiado en el monte Calvario" ... "Al
aire libre, en medio de dos ladrones, como reo superior a ellos" ... "Allí
quedará su cuerpo colgado para burla y escarnio" ...

En la calle
de la Amargura
ARCÁNGEL
Entre
sayones y escribas
y
férreos hijos de Marte
que
tiranos de la tierra
dan
sus banderas al aire,
con
paso trémulo y lento
marcha
Jesús anhelante
llevando
sobre los hombros
la
enseña de los pesares.
Coronado
va de espinas,
cual
diadema de ultrajes,
que
le ensangrientan el rostro
que
es recreo de los ángeles.
Heridas
lleva en la espalda
que
se cierran y se abren
con
el peso de la cruz
a
los nerviosos arranques.
La
curiosa muchedumbre
llena
la torcida calle
y
le sigue, y va pisando
los
regueros de su sangre.
No
hay compasión en el pueblo,
ni
valor en los leales,
ni
pereza en los verdugos,
ni
piedad en los cobardes.
Y
el Justo camina al Gólgota
entre
burlas y donaires
y
el inocente Cordero
entre
hienas y chacales.
Mientras
el aire flamea,
cada
vez más alto y grave,
triunfador
y esplendoroso
el
pretoriano estandarte.
Este
mismo muere triste
no
lejos de la ciudad:
porque
juzguen que es ladrón
entre
dos ladrones va.
Un
madero lleva al hombro,
lagar
en que han de pisar
el
solo racimo fértil
de
aquella vid virginal.
En
su delicado cuello
lleva
el príncipe de paz
de
dos pesadas columnas
su
imperio y cetro real.
Al
son de trompetas tristes
pregones
injustos dan:
"Esta
es la justicia", dicen,
pero
no dicen verdad.
Si
esta es la envidia dijeran
bien
podían acertar,
más
siempre se vale el hombre
de
la disculpa de Adán.
Dicen
que el César hurtaba
la
romana majestad
para
hacerse Rey quien era
Hijo
de Dios natural.
(Sale el Cirineo)
Mucho le
pesa la cruz.
Los
pecados muchos más.
Con
ellos ha dado en la tierra
pues
no les puede llevar.
Llevadles,
Jesús querido,
que
si Vos no les lleváis
al
regazo de los pechos
consuelo
el suyo tendrá.
Mas
al desprendimiento
de
esa gente desleal
atropellará
furioso
desfigurado
y mortal.
(Sale la Verónica)
LA VERÓNICA Señor mío, Jesús.
Permite que esta humilde pecadora limpie tu divino rostro con este lienzo tejido por mis
manos.
JESÚS Deja tu nombre y toma el de
Verónica pues entre tus manos dejo mi verdadera imagen.
LAS DOS MARÍAS ¡Oh, señor, Rey de
las virtudes! Si a ti que eres árbol verde y fructífero castiga así la Divina Justicia
por culpas ajenas ¿cómo seremos castigadas nosotras que, cual árbol seco, no servimos
más que para el fuego y para el fuego del infierno? ¡Ah, Señor, ten piedad de estas
miserables pecadoras!. ¡Oh, Señor, que así te castigue la Divina Justicia! ¡Quién
pudiera ayudarte Señor a llevar carga tan pesada! ¡Ea, Señor, ya que sufres todos estos
tormentos por la redención de los pecadores, acoge a estas hijas de Jerusalén como la
gallina acoge sus polluelos bajo sus alas. (Lloran amargamente)
JESÚS Hijas de Jerusalén: no
lloréis por mí, sino por vosotras y por vuestros hijos. Porque días vendrán en que
dirán: "Bienaventurados los estériles que nunca tuvieron hijos ni los dieron leche
de sus pechos". Y entonces comenzarán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros!
¡Sepultadnos! Porque si en el árbol florido se hace esto que veis ¿qué se hará con
el árbol seco?
ARCÁNGEL
De
pronto el pueblo iracundo
con
mil protestas se abre
como
nubes de tormenta
que
ante la luna hacen calle.
Ante
Jesús aparece
náufraga,
abatida nave
que
el puerto amigo codicia,
su
madre, su propia madre.
A
vista del Santo Hijo
se
le secan los raudales
de
lágrimas que se esconden
ante
el dolor inefable.
Aquel
llanto de amargura,
que
de sus ojos no sale
como
río despeñado,
dentro
de su pecho cae.
Quiere
hablar y las palabras
que
del corazón le nacen,
a
los golpes de la pena,
se
quiebran como cristales.
Quiere
abrazarle y los brazos
hoy
levantarse no saben.
No
quiere mirarle y mira,
porque
es abismo que atrae,
y
viendo de la hermosura
del
hijo apenas señales... (pausa)
LA VIRGEN ¿Eres tú, Jesús?
JESÚS Yo soy.
LA VIRGEN ¿Qué
nubla tu rostro?
JESÚS Sangre.
ARCÁNGEL
Sangre
vertida inocente
pero
es precio de rescate
para
que al mundo redimas
con
una gota de sangre.
LA VIRGEN (Sale al encuentro de
Jesús) ¡Hijo mío! ¿Qué delito has cometido para que así te carguen con esta cruz
tan pesada y te conduzcan al Calvario donde has de ser crucificado?
No
es amor el que tan solo
de
la vida da una parte
¡Oh
amor que tú nos enseñas:
él
es imán que me atrae,
pues
a tus mismos verdugos
perdonarás
sus crueldades!
¿Eres
tú el Hijo nacido
entre
arrullos de los ángeles,
y
cánticos de pastores,
y
orientales homenajes?
¿Cómo
a morir va la vida,
y
a extinguirse el sol que sale,
y
el mar que todo lo llena
tan
de repente a secarse?
¿Quién
hizo frente a tu rostro
que
era gala de los valles
y,
donde yo mis caricias,
puso
iracundos ultrajes.
¿Quién
te mesó los cabellos
que
fueron los manantiales
de
donde nacía el oro
cuando
flotaban al aire?
¿Qué
llevas en la cabeza?
¿Qué
en los hombros? ¡Qué espantable!
Ni
aún huelgo deja tus labios
y
es tu paso vacilante.
Dame
esas fieras espinas.
Esa
cruz horrible dame.
Yo
la llevaré al Calvario
como
una carga suave.
Porque
en el alma la llevas
y
a mí me parece grande
en
ella morir yo quiero
y
ya tu martirio baste.
JESÚS
No basta mi amor a la lucha, si no muero en el combate.
LA VIRGEN
¿Morir tú, que eres mi vida?
JESÚS ¡Paso,
mujer!
LA VIRGEN ¡Hijo
mío!
JESÚS ¡Madre!
Llegada al
Calvario
(Le crucifican entre los dos
ladrones. Sortean los vestidos de Jesús, pero la túnica no la dividen. Sí parece que
del manto hicieron algunos pedazos. Al ver la túnica que era mejor que todo lo restante,
dijeron lo soldados...)
SOLDADOS No la rasguemos, sino
echemos a suerte a ver quién se la lleva.
PRÍNCIPES (Al ver que Pilatos pone
sobre la cruz de Jesús el título: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS ) No escribas
Rey de los judíos sino que él dijo: "Yo soy el Rey de los judíos".
PILATOS Lo que he escrito, lo he
escrito.
Primera palabra de
Jesús
JUDÍOS (Pasan meneando sus cabezas
y dicen...) ¡Bah, tú que destruyes el templo y lo reedificas en tres días, sálvate
a ti mismo! ¡Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz!
SACERDOTES A otros ha hecho salvos y a
sí no se puede salvar. Si es el Cristo escogido de Dios, el Rey de Israel, baje ahora de
la cruz para que le veamos y creamos en él. ¿Confía en Dios? Que le libre si le quiere;
pues dijo: "Yo soy el Hijo de Dios" (Estos no se dirigen al Señor para decir
esto. Se burlan entre sí con los escribas y fariseos)
JUDÍOS ¡Si tú eres el Rey de
los judíos, sálvate!
LADRÓN MALO ¿No eres tú el Cristo?
¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!. ¿Eres tú el que todo lo podía? ¡Bájate de la
cruz y bájanos a nosotros! ¡Oye, tú, falso profeta: ¿cómo no me respondes?!
JESÚS "Padre, perdónales porque
no saben lo que hacen"
Segunda palabra de
Jesús
LADRÓN BUENO (Vuelto hacia su
compañero, le dice increpándolo) ¡Oye! ¿Tú no temes a Dios hallándote en las
últimas horas de tu vida como yo? No blasfemes. No dudes del poder de Dios. Nosotros
aquí estamos sufriendo el castigo afrendoso en la cruz con justicia, pues pagamos lo que
merecen nuestros delitos; pero éste no ha hecho mal ninguno. (Vuelto ahora con
reverencia y humildad a Jesús, le dice..) Señor, acuérdate de mí cuando vengas a
tu reino.
JESÚS "En verdad te digo que hoy
estarás conmigo en el paraíso".
Tercera palabra de
Jesús
JESÚS (A su madre) "Señora,
he ahí tu hijo (por Juan). (Enseguida dice al discípulo) " Juan: he
ahí a tu madre".
Cuarta palabra de
Jesús
JESÚS "¡Dios mío!, ¡Dios,
mío!, ¿Por qué me has abandonado?. ¡Eloí!, ¡Eloí! ¡Lamma sabacthaní!
ALGUNOS JUDÍOS ¡Vaya, ese llama a
Elías!
Quinta palabra de
Jesús
JESÚS (Con voz baja) "¡Tengo
sed!"
(Un soldado coge una esponja, la
empapa en vinagre, la clava en una caña de hisopo y, alzándola, se la da a gustar).
SOLDADOS ¡Déjale! A ver si viene
Elías a librarle...
Sexta palabra de
Jesús
JESÚS (Apenas recibido el
vinagre) "Ya está todo consumado"
Séptima palabra de
Jesús
JESÚS (Con gran voz)
¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!
CENTURIÓN ¡No cabe duda! ¡Éste era
Hijo de Dios! Era lo que decía.
SOLDADOS ¡No cabe duda, así es!
¡Éste era Hijo de Dios!
(Después de expirar..)
ARCÁNGEL? (Una
parte se ha perdido) ... con estruendo formidable. El velo del templo se rasgará en
dos partes. La Tierra temblará y se estremecerá , y los sepulcros se abrirán para
arrojar vivos a aquellos cuerpos que antes resultaban difuntos.
Estas señales,
inequívocas de que aquel hombre extraordinario y milagroso era verdaderamente Hijo de
Dios, harán exclamar en el Aerópago:
"¡Oh! El
Dios de la naturaleza padece. O perece la máquina del mundo" y permite abrir los
ojos a los ciegos perseguidores que se retirarán del Calvario diciendo con dolor
inexplicable: "A la verdad, este era Hijo de Dios y nosotros lo ignorábamos". Y
uno tras otro abandonarán el pavoroso monte, de cuya cima se espantan las voladoras aves
y en cuya falda se secan las más lozanas flores. Y las ciudades de la Palestina quedarán
tristes y melancólicas como el recuerdo de una tumba. Y sus moradores rasgarán sus
vestiduras mesándose los cabellos, cual si les hubiese acaecido las más grandes
desventuras. Y la señora de las naciones, que había vencido a los ammonitas, moabitas y
filisteos, llorará hilo a hilo la muerte de su Dios no habiendo quien la consuele entre
todos sus amados, despreciándola todos sus enemigos. Y los caminos de Sión llorarán y
estarán de luto porque se verán desiertos. Todas sus puertas destruidas. Sus sacerdotes
gimiendo. Sus doncellas escuálidas. Y ella oprimida de amargura. Solamente se oirán en
aquella colina angustiosa y solitaria los suspiros desgarradores de la Virgen de Nazaret
que, traspasado el corazón de dolor y fijos sus interesantes ojos en el cielo,
permanecerá horas enteras abrazada al madero de la cruz enrojecido todavía con la sangre
de su hijo.
¡Jerusalén!,
¡Jerusalén! ¡Conviértete a tu Señor y Dios! por el gran pecado que vas a cometer,
todo tu pueblo se hallará gimiendo y buscando pan; estará dando todo lo que tenía más
preciado por comida para refocilar su alma. Tus enemigos, como bestias feroces, abrirán
su boca y silbarán a semejanza de irritadas serpientes. Y, como crueles lobos y tigres
estando ya sobre la presa crujiéndoles los dientes, dirán: "Despedacémosla y
devorémosla, porque llegado es el día que tanto hemos deseado gozar y ver para tenerla
entre nuestras garras y dientes".
¿Cuál, pues,
será el recurso que te queda, pueblo desgraciado? Ninguno otro sino alzar el grito al
Señor con corazón humilde, implorar su misericordia y pedirle que tenga a bien que sean
reedificados tus muros echados por tierra. Y entretanto, desháganse en lágrimas día y
noche las niñas de tus ojos y llora sin cesar la ruína de tu patria. ¡Jerusalén!,
¡Jerusalén! ¡Conviértete a tu Señor y Dios!
Y el infierno
recordará toda la vida, asombrado, tan venerados misterios; que tantas almas arrancan
todos los días de sus aceradas uñas. Se celebrará con júbilo inmenso la feliz culpa
que mereció tener tal Redentor. Los predestinados en el cielo estarán convencidos de que
deben la gloria que disfrutan al instrumento de que Jesús se valió para salvarlos,
exhalando su último suspiro en un patíbulo afrentoso: en el madero santo de la Cruz.
Descendimiento de la
cruz
(Después de que Longinos
clavó en el costado de Jesús su lanza)
NICODEMUS ¡Pilatos: una vez que
te encuentras inocente de la muerte de este justo y tu anhelo ha sido buscar lazos para
librarle de las garras de sus enemigos, te pido licencia para bajarle de la cruz y darle
honrosa sepultura en el sepulcro que tiene preparado mi compañero José de Arimatea. Así
es que espero que me lo concedas, porque me temo que si queda aquí esta noche, le van a
despedazar estos malvados infernales que son peores que las mismas fieras. (Se dirige a
la Virgen) María, mucho sentimos tenerte que disgustar: no podemos dejarte más
tiempo a tu hijo porque se nos hace tarde y la noche se acerca y es peligroso para tu hijo
y para nosotros. Le llevaremos al huerto de Arimatea y allí ya estaremos seguros de todo
riesgo.
La virgen con Jesús
en sus brazos
LA VIRGEN Dime Juan, hijo querido.
Dime qué gente es aquella.
SAN JUAN Serán José y Nicodemus que
vienen en busca vuestra.
LA VIRGEN (Con la corona)
Corona que el Rey del cielo tuvo puesta en su cabeza... ¡Quiera Dios que los mortales la
traten con reverencia! (Con los clavos) ¡Oh, clavos que
atravesasteis aquellas
palmas inmensas, heristeis mi corazón con una aguda saeta! (Con el hijo) ¿Este
es, hijo mío, el rostro lleno de gracia y de hermosura en quién los ángeles desean
mirarse? ¿Es esta aquella lengua que todo lo que hablaba eran palabras de vida y
consuelo? ¿Son estos los ojos que quitaban al sol su luz y resplandor? ¿Son estas las
manos que se ocupaban en hacer bien a todos? ¿Son estos los pies que nunca se cansaban de
buscar pecadores para remediarlos? ...
Bien he menester, amado mío, saber
que sois mi hijo para no desconoceros de todo punto. Pues la hermosura de vuestro rostro
veo trocada en fealdad, la luz de vuestros ojos en tinieblas, la lengua veo ahora muda,
las manos inútiles; los pies inmóviles y yertos abiertos por las heridas de los clavos,
lo mismo que las manos... Todo está tan desfigurado que con haberos dado a luz y ser
vuestra madre, no os conozco.
(A José y Nicodemus) Queda a
vuestra disposición el cuerpo de vuestro maestro y mi querido hijo. dadle honrosa
sepultura y dejadme sola que llore la pérdida de mi hijo.