Padre Julián Villegas

(19-2-1897 / 30-12-1989)

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"El Reverendo Padre Julián Villegas,

68 años al servicio del Evangelio en Taiwan"

El día 30 de diciembre de 1989, después de varios meses de enfermedad, falleció a los 92 años en Taiwan; el Padre Julián Villegas.

 

Había nacido el 19 de febrero de 1897 en Ayuela (Palencia), pero pasó la mayor parte de us vida (68 años) trabajando como misionero en Taiwan. A los 15 años dejó familia y casa para hacerse dominico y, tras el año de noviciado y 4 cursos de estudiantado en Ávila, realizó su profesión solemne. Dejó España con sólo 20 años para ir a otras tierras más lejanas. Dice en su autobiografía:

"Cuando el barco empezó a inclinarse en el mar
y las últimas sombras de España desaparecieron,
sentí una tristeza muy honda.
Allí quedaban mis padres y demás seres queridos".

¿Volvería a verlos?

Y es que como añade "los sentimientos legítimos del corazón, no están reñidos con mi vocación".

Le esperaba una larga travesía: Cádiz, Canarias, Puerto Rico, Cuba y USA. Allí pasó tres años completando sus estudios de Teología y preparándose para la difícil misión que le esperaba. Completados los estudios fue a Manila (Filipinas) donde fue ordenado sacerdote en 1921. Dos meses después llegaría a la Isla de Formosa. "Yo no he venido a las mesiones para pasarme una vida cómoda y rehuir el trabajo" , dice. Y es que sus primeros años fueron duros, ya que la lengua la tuvo que aprender por la calle y con unos medios naturales y humanos muy escasos. A esto hay que añadir la falta de cristianos en la isla, y la cantidad de bandoleros que por aquellos años, tras la invasión japonesa, azotaban los pueblos de Taiwan. Pero como se suele decir, en las dificultades nos crecemos, y eso fue lo que le pasó al Padre Julián. Fueron los años que, como dice él, "más me llenaron", ya que recibía continuas llamadas de los pueblos colindantes para que fuese a enseñarles doctrina. Fue un trabajo duro, dada la carencia de personal misionero en la isla, y las grandes distancias y dificultades orográficas que tenía que solventar. Su celo apostólico y el hecho de ser extranjero le llevó a estar prisionero de los japoneses. Estos, tras averiguar que no era un peligro para ellos, le dejaron libre y así pudo continuar su tarea misional llena de continuas Fundaciones en el centro de la isla.

Con la llegada de los chinos del Continente en 1949, le llegaron sus primeras vacaciones. Fue un poco más de un año en España, con su gente, y haciendo de capellán de unas monjas de clausura en Toledo. Como él dice "no me molestaba la soledad, por eso, gocé de mucha Paz".

En 1953 volvió de nuevo a Taiwan, esta vez al Sur de la Isla. De nuevo a empezar de cero: fundar una Comunidad cristiana, en una zona donde aún no había cristianos. Junto a otro misionero, el Padre Domínguez, llevaría a cabo tal obra. Allí estuvo trabajando hasta poco antes de su muerte, ya que, pese a su edad, como decía "alegrar años para descansar es apoyarse en el subjetivismo que no puede hacer ley".

Fueron 68 años de duro trabajo entre el pueblo taiwanés a quien quería profundamente y de cuya tierra quiso participar al final de su vida. Los últimos meses los pasó en plena consciencia. También al final quiso recordar a su familia y a su pueblo Ayuela, y aunque intentó escribirles unas líneas, éstas le salieron torcidas, por lo que pidió que le copiaran un último saludo para sus seres queridos de Ayuela.

(Datos extraídos de "Ayuela de Valdavia, un recuerdo nostálgico" de Teodoro Fontecha. Valladolid. 1999.)

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