Antolín Merino De Bolea

(2-9-1745 / 22-3-1830)

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Entre los hombre ilustres que ha dado la Iglesia a la Patria la Benemérita Orden Agustiniana, ocupa lugar preferente el P. Antolín Merino.

Nació el P. Merino en Ayuela de Valdavia, una de las nueve villas valdaviesas que disfrutaron de privilegio de "behetría". La partida bautismal, que aún se conserva en la parroquia testifica que nació el día 2 de septiembre de 1745 y fue bautizado el día 2 de septiembre el 12 del mismo mes por el Rvdo. C. Clemente Gutiérrez, dándole el nombre del santo del día de su nacimiento: Antolín. Los primeros años de su vida se deslizan en ambiente de familia y laboriosidad al lado de sus piadosos padres, don Andrés Merino y doña Andrea de Bolea, labradores de profesión.

Un hecho significativo acaeció en su edad infantil del que fue protagonista nuestro biografiado. Acompañaba un día a su buen padre, que conducía el carro de vacas en el que iban subidos padre e hijo. Las vacas sufrieron un espanto; el niño cayó al suelo, siendo aplastado su tiernecito cuerpo por las llantas de las ruedas: y cuando el padre volvió a recoger el cuerpo de su hijo, a quién creían muerto, le encontró sano y salvo y radiante de gozo. Se atribuyó el suceso milagrosamente a la intercesión de Nuestra Señora de Rabanillo a la que se profesa ferviente devoción en este lugar.

Siente preocupaciones por las ciencia y las artes y a los 15 años su padre le trasladó a Valladolid para cursar filosofía en la Universidad. Tres años después se graduó bachiller en Artes y en enero de 1765, cuando aún no tenía cumplidos 20 años, ingresa en la orden agustiniana. Profesa en Valladolid y le vemos luego en Salamanca donde es la admiración de estudiantes y doctores por la brillantez de la defensa de los actos académicos. Con el estudio de la Teología en Salamanca, hizo también el de griego y hebreo. Terminados los estudios se ordenó sacerdote.

Las tareas de magisterio, de la cátedra y del la pluma y el desempeño de cargos dentro de la Orden, no le dejarán hasta la muerte.

Opositó brillantemente a la cátedra de Filosofía del Colegio "Doña María de Aragón" y en segundas oposiciones fue nombrado Lector de su convento en Toledo. En 1800, ya Rector del Colegio "Doña María de Aragón", fue cuando publicó los "Opúsculos de San Agustín". Antes en el Capitulo de 1779, la Provincia le mandó que escribiese un "Curso Filosófico" y en 1789 le fue conferido el Magisterio, al fallecimiento del P. Maestro Manuel Buencuchillo.

Con fecha 21 de septiembre de 1800 se le concedió facultad, junto con otro Padre, para representar como Procuradores a la Provincia de Santa Fe de Bogotá. En octubre ya aparece como Secretario General.

Junto con el P. Risco, estuvo encargado de la continuación de la "España Sagrada", del P. Florez. En 1804 publicó los dos primeros tomos que contienen la "Exposición de Job". En mayo de 1808 quedó de Vicario en España con motivo de la ida al Congreso de Bayona del Padre Rey.

El Gobierno intruso, durante la dominación napoleónica, pretendió atraérsele con ofertas de prebendas -una canongía en Palencia-, pero, como buen español rechazó con energía el nombramiento. Llegada la época de la restauración, en 1814, cesó como Vicario pasando al de Aistente General de la Orden.

En casa de su hermano político, don Esteban de Agreda, donde tuvo que refugiarse a causa de la revolución, editó el primer tomo de "Trabajos de Jesús". de cuya edición se apoderó el Gobierno. Con entereza de carácter consiguió ser escuchado y el minisitro del interior le permitió seguir sus trabajos literaros, haciéndole entrega de los ejemplares de la obra.

El 31 de marzo de 1815 fue nombrado "miembro supernumerario de la Real Academia de la Historia" y un año más tarde "Continuador Oficial de la España Sagrada" del P. Florez. En 1819 y 1826 editó los tomos XLIII y XLIV de la España Sagrada. A la muerte del P. Juan Fernández Rojas, 1819, fue nombrado el P. Merino Procurador General, pasando nuevamente en 1823 a ser Vicario de los Agustinos.

Para probar su fidelidad, permitió Dios que la mentira y la maledicencia se cebaran en el P. Merino y llegó a ser acusado de ejercer el cargo "intrusamente". Presentó en el Capítulo General de 1827 una protesta, que le fue atendida, y por consiguiente borrada del Registro General tan grave injuria.

Otras obras, opúsculos, comentarios, censuras, consultas y calificaciones, con importantes cargos, referidos por el Padre Vela, hacen del p. Antolín Merino un Agustino de primerísima magnitud. (Vease Santiago Vela y la reseña histórica que, en 1924, hace el P. Senén Fraile, también agustino valdaviés).

En los últimos años de su vida, minada su salud y casi ciego, no exhaló una queja ni un lamento en medio de la prueba. Transido de piedad, de esa piedad que, cuando niño, había aprendido en Ayuela, se expresaba, según escribe el P. Constancio, S. J.: "Ahora, ahora es tiempo de meditar, si hasta aquí lo ha sido de leer".

Muere, este virtuoso y sabio religioso valdaviés, después de vísperas, en la tarde del 22 de marzo de 1830, a los 84 años, 6 meses y 20 días de su nacimiento. Sus restos descansan en la Sacramental de San Luis. Su retrato se conserva en la Real Academia de la Historia.

(Por Faustiniano Gutiérrez. Publicado en ESPIGA (Hoja Parroquial de la Diócesis de Palencia), Nª. 327; domingo, 25 de marzo de 1962).


Completa reseña biográfica


Documento proporcionado por Google (archivo PDF  con todo el tomo XLV incluído)
Ensayo histórico de la vida literaria del Mtro. Fr. Antolín Merino, de la Orden de S. Agustín, continuador de la España Sagrada, é individuo de la real Academia de la Historia.
 Leído en ella al presentar su busto por el Padre Fr. José de la Canal. Madrid 8 de octubre de 1830)
(Páginas VII a XXI)
 

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