El río Ayuela

Puente Romano sobre el Río Ayuela (Casas de Don Antonio)

Un día en el Camino de Santiago por la Vía de La Plata.
(Jesús Marcial Grande. Agosto de 2003) 

 

Día 1º: Mérida - El Carrascalejo -Aljucén - Alcuéscar - Casas de Don Antonio - Aldea del Cano (23/07/03)

Ninguno de los dos despertadores (móvil y reloj) funcionaron (o no supe programarlos). Cuando me levanté eran las 7:20. Recogí mis cosas apresuradamente y a las 7:50 llamaba a la puerta de la vivienda del Señor Paco, vigilante del albergue juvenil El Prado de Mérida, que me devolvió el DNI. Era la única persona que había pernoctado allí (el albergue estaba cerrado, excepto para los peregrinos).
Salí ya amanecido y me dirigí a Mérida por la solitaria carretera del albergue. Busqué la salida indicada por la guía de El País y comencé el rodaje del camino. La salida de Mérida (cuesta arriba) nos lleva por carretera hasta la Presa de Proserpina (La charca, le dicen los lugareños). Se pasa al lado del mismo camping y de algunos bares y merenderos. En las orillas de la presa gente pescando. La presa, como todas las construcciones romanas, sólida y práctica. Aún cumple 2000 años después perfectamente su misión. Se mantienen los aliviaderos tras  la pared de piuedra. El camino bordea durante un tiempo la presa y finalmente se encamina hacia Aljucén. En ese tramo se interna por caminos solitarios donde encontramos la sempiterna encina que no nos abandonará hasta Zamora. También la primera granja de cerdos. En Aljucén (en el quiosco de la plaza) desayuné y cargué agua fresquita. Desde allí a Alcuescar. Llegué a la hora de comer. Pedí un menú del día en un restaurante de buena relación calidad precio. La sed hace que el vino con gaseosa se beba en exceso y después de la comida se hace inevitable una siesta reparadora. En los jardines del pueblo, sobre la hierba tendí el aislante y dormí un buen rato. Hacia las 6 salí en dirección Casas de S. Antonio. Al salir pasé por la residencia de los Esclavos de María y de los Pobres (Ada de Extremadura, 2) en la que todos los peregrinos alaban su humilde pero generoso trato con los peregrinos (sin pedir nada a cambio te ofrecen habitación y cena).
Cuando pasé por allí no encontré ninguna indicación de acogida, tan solo una estatua adosada a una cruz en la entrada y un señor con un transistor sentado junto a la verja. Al preguntarle por la dirección del camino me di cuenta de las dificultades que tenía el hombre para explicarse. Esos renglones torcidos de Dios son de los que se ocupan las monjas de la residencia. Otro señor que salió después me indicó la dirección correcta. Un último vistazo desde la puerta me dejó la imagen de una monja sentada entre un grupo de seres desahuciados por la sociedad repartiendo compañía y afecto.


Clic para aumentarDesde Alcuéscar crecía la expectación al acercarme a Casas de Don Antonio. Después de varios miliarios y dos puentes romanos solitarios, finalmente el camino se interna entre grandes dehesas.  A la derecha asoma una lámina de agua que intuyo (luego me lo confirman) es el embalse del Ayuela.

El camino está flanqueado por tapias de piedra y no puedo acercarme, pero justo al llegar a un acequia un camino se interna a la derecha acercándose al pantano. En unos minutos me llegó hasta allí.

Clic para aumentarNo se ve a nadie en kilómetros... Algunas aves pescan en las orillas. Uno quisiera bañarse, pero no se atreve (las orillas están enlodadas y la soledad es total).  Me detengo unos minutos recreándome en este otro paisaje de nombre idéntico a mi pueblo pero tan diferente... Continuo rodando entre dehesas hasta que, tras una curva, aparece frente a mí el pueblo de Casas de Don Antonio. Al pie del mismo, un río de orillas descuidadas, con abundante maleza. Sobre el río un hermoso puente romano, bastante bien conservado. En la orilla más próxima al camino un rebaño de ovejas pasta placentero al cuidado de un pastor.

clic para ampliarEl pastor se llama Juan Francisco Espino y charla de buena gana con el peregrino que le pregunta muchas cosas sobre el río. ¿Este es el río Ayuela, verdad?, ¿Sabe usted porqué le llaman así?, ¿Por qué está tan descuidado? ¿Lleva siempre agua? ¿Sabe usted que hay un pueblo que se llama Ayuela, como el río...? El pastor, que tiene a su lado en el suelo un corderillo que se pega a las perneras de su pantalón contesta amablemente a las preguntas; a las que sabe y a las que no, y acepta posar para una foto con su corderillo. Parece que la ribera del río está tan salvaje desde que la Junta no deja quemar la maleza. Algo hacen las ovejas. La verdad es que el puente romano y sus alrededores quedarían preciosos a poco que los cuidaran. Es un río que no se seca. Siempre tiene agua. Y en contra de lo que me dijeron, no está sucia, ni huele mal. Es un agua limpia que regatea entre las piedras y las pequeñas islas de vegetación. El puente, a pesar de ser tan viejo que tiene unos 2000 años, goza de buena salud. Tras el puente hay una colina en la que se asientan las Casas de Don Antonio que no parece mal pueblo.


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Desde allí el camino nos lleva a la carretera nacional. Aquí, dejándolo a la espalda, hay otro puente -esta vez moderno- por el que cruza la carretera. Hago una foto del indicador de la carretera para que mis paisanos sepan que existe este lugar y, quizás algún día, se les ocurra hermanarse con Casas de Don Antonio, por aquello de compartir topónimo...

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