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 | Los niños.
Nacían
en condiciones extremas, por ello la mortalidad infantil siempre fue excesiva.
Sobrevivían a base de caldos y leches. Eran bautizados muy temprano, precisamente por ese
miedo a que no se lograsen. En sus bautizos se tiraban caramelos y confites para los
niños, pero los mayores tampoco perdían la oportunidad de hincar la rodilla y birlar
unos cuantos a los más pequeños. Pronto se le mandaba poner delante de las vacas, llevar
la comida al padre, ir por brezos para la glorieta, coger para el cerdo, las vacas o los
conejos, transportar agua, cuidar las vacas, ir de rabadán, limpiar el cortín, pregonar
los productos de los vendedores ambulantes, y mil cosas más que combinaban con sus juegos
y sus travesuras. |

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 | La cruz de los pobres.
Servía como señal para indicar
al pobre o caminante, que viniera por aquí, cuál era la casa en la que tendría cena y
alojamiento. Al ir a acostarse se le preguntaba si fumaba, tenía mecheros o cerillas,
para prevenir incendios que alguna vez llegaron a ocurrir ya que normalmente se les
alojaba en cuadras o pajeras. Este símbolo (la cruz) pasaba de casa en casa con riguroso
orden de vecindad y estaba en un sitio visible todo el día del turno. El mismo pobre la
llevaba a la casa siguiente. Había muchos pobres y clases de pobres. A algunos daba gusto
escucharles narrar sus aventuras y anécdotas. Otros eran sucios y sólo arrastraban pura
miseria y necesidad. |
Otra tradición, aún vigente, es la de llevar y tener casa por casa a la "Sagrada
Familia". Después de unos días en cada casa se echa una limosna o donativo en su
interior y se pasa al siguiente vecino.

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Los grillos.
Eran unas argollas de hierro bastante grandes que se ponía a cualquier
persona que hubiera cometido una trastada o delito de consideración. Durante un tiempo
debería arrastrarlos de sus tobillos o piernas en todos sus movimientos por el pueblo,
hasta cumplir la penitencia civil asignada.
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 | Cantamisas.
Cada vez que en el pueblo había un Cantamisa - y no faltaron nunca - se
procedía a levantar " el Mayo" delante de la puerta de su casa. Se elegía el
chopo más bonito y, a veces, el más grande. Aquellas tareas eran para verdaderos
ingenieros o duchos en la materia. La colaboración de unos y otros tenía que ser total y
muy bien organizada. Ningún detalle, ningún descuido podía producirse en aquellas
tareas de suma maestría y peligrosidad. Con la aportación de la experiencia de los
mayores y la fuerza de los más jóvenes se lograba aupar el mastodonte, y comenzaban los
festejos de dicho evento. El padre del cantamisano invitaba a todos y las mozas adornaban
aquellas faenas con múltiples cánticos. |
Una tradición similar y que también se mantiene es la de poner o pinar un mayo en
medio de la Plaza Mayor cada primero de Mayo. Al terminar el mes se derriba y se vende al
mejor postor. Seguramente esta tradición sea la original y primitiva ya que era
practicada por algunos pueblos bárbaros que vinieron a Hispania en el Siglo V.

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 | El Concejo. Venía a ser como la asamblea del pueblo. La democracia
más pura y dura. Se debatían siempre asuntos internos del pueblo. En él estaban
representados todos los vecinos, cada uno con voz y voto. Entre sus funciones estaban :
convocar y repartir las huebras necesarias a lo largo del año, dar la suerte de leña,
repartir los roturos, cobrar impuestos y arbitrios, subastar barros de la calle o arroyos
y río, facilitar leña y realizar posibles obras a las autoridades del pueblo (guardias,
maestros, médico, ...), vigilar los pastos, rastrojeras y montes, contabilizar el ganado
dos o tres veces al año, etc. El Alcalde era elegido cada tres años, junto con dos
concejales. Al finalizar el mandato, estos proponían al Concejo a tres vecinos para
sustituirles. Sucedió alguna vez que la elección se tuvo que hacer "echando a
pajas" por que nadie quería en ese momento tal cargo. En el Concejo todo estaba
regulado y asumido. Existía la jerarquía y el respeto máximo para todo y todos :
hablar, votar, empezar a comer el escabeche y queso, a beber en aquellas dos preciosas
tazas planas de plata, etc. Los cargos del Ayuntamiento se sentaban en la mesa central, y
a ambos lados de éstos los recién salidos del cargo y los más ancianos ; luego estaban
los lugares de los demás y por último el de los jóvenes. El vino y el escabeche tenían
que ser servidos por los más jóvenes ; no podían darlo con la mano izquierda y había
que respetar el orden establecido.
Más tarde el Concejo sería absorvido por el moderno Ayuntamiento, quedando relegado a la
merienda que se convoca tras las huebras vecinales. Mucho se podría escribir sobre lo
acontecido en aquellos Concejos de antaño. Mucho, sobre todo de los últimos momentos,
cuando ya el vino y el escabeche habían saciado la sed más que el hambre, y cada cual ya
no era cada uno. Entonces sucedían cosas de lo más variopintas. Baste, a modo de
ejemplo, aquel vecino que llegó a pagar por el moje y la lata de escabeche vacía (en
legítima subasta) más de lo que había costado llena. De camino a su casa tropezaría
con un montón de barro y se le derramó todo el líquido. La bronca de su mujer pondría
la guinda a aquella desafortunada operación. |

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 | Las enramadas de Ayuela.
Típicas, festivas y multitudinarias
como ninguna. Éstas pueden producirse en cualquier época del año, sólo es necesario
que una moza del pueblo vaya a casarse. La víspera , toda la mocedad, organiza una fiesta
en torno a su puerta. Se diseña la enramada más conveniente, se da palique a los
primeros invitados y se consume todo tipo de viandas y licores que tenga a bien
sacar a la calle la novia, el novio o quien se mueva por allí.. La juerga puede resultar
pesada por su prolongación excesiva a lo largo de la madrugada, teniendo en cuenta que
algunos deberían estar serenos a las pocas horas. Son las bodas señalados momentos que
aglutinan comportamientos de toda índole. Los mozos acudían a casa de la novia en la 2ª
amonestación , y el mozo mayor, le decía : "si era gustosa de dar los derechos
según los usos y costumbres". Si la respuesta era afirmativa, recibían los
dineros correspondientes y se les ofrecía vino y merienda. En el caso de una negativa,
montaban gran bronca y estruendo delante de la casa. Esta tradición quedó después sólo
para aquel novio que venía de fuera. El mozo forastero tenía que hacer un convenio con
los del pueblo sobre lo que tenía que dar. En el caso que diera, por ejemplo, un duro, el
padrino debería dar el doble ( La Dobladilla). Se le preguntaba así mismo si quería la
enramada. El día de la boda se pasaba la bandeja a todos los invitados y se les entonaban
cánticos hechos a la medida de cada uno : " Y una boda saca a otra, y ésta es la
pura verdad / Fulano con Fulana bien se podrían arreglar ..." |
La Señora Felisa y su marido pasaban por ser grandes compositores para estas
ocasiones. Muchas veces las mozas recurrieron a ellos. Sirva como ejemplo la siguiente :
" Todas las noches me paso a tu ventana velando.
Caga bueno, caga malo ; caga duro, caga blando".
También fue costumbre muy arraigada entre la juventud echarle paja a las puertas de
las mozas. Comunicar con un reguero de ésta la puerta de algún pretendiente. Costumbre
que fue aprovechada en más de una ocasión para gastar ciertas bromas a algunos mozos o
mozas. Los mozos subastaban a las mozas el día de los enamorados, y quien no cogía a
alguna tenía que pagar el doble. Luego se obligaban a salir con ellas de paseo según el
resultado de la subasta anterior.

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Otros hechos curiosos
 | Gitanos, quinquilleros, etc.
Con frecuencia llegaban al pueblo clanes de estas
familias (30 ó 40) que se situaban en La Fragua y en el Portal. Se dedicaban a hacer
cestos y otras cosillas que luego vendían. Sin embargo, no eran bien vistos por algunas
"faenas" que protagonizaban dentro del pueblo. Aunque, la verdad sea dicha,
solamente a la hora de marcharse despertaban inquietud entre los vecinos. Era entonces
cuando había que poner a buen recaudo gallinas, conejos, grano u otras cosas. Pedían por
las casas cuanto necesitaban. Unas veces se lo daban, otras no ; y alguna que otra vez lo
tomaban "prestado". - Decía una gitana a otra más joven : ¿Verdá que
nosotras no hemos cogido la gallina de la señora?, ¡jai ! tapa la cola que se te
ve".
Era corriente que pidieran hierba para sus animales. Un vecino les permitió, en cierta
ocasión, llenar los sacos en su pajar. Quisieron meter tanta que cuando fueron a sacarlos
por el bocarón éstos no cabían. El dueño se los haría vaciar. Algunas mujeres dieron
a luz en el pueblo, y es por eso que haya gentes gitanas bautizadas y registradas en
Ayuela. Con el paso de los años algunos han tenido que acudir de nuevo para solicitar sus
partidas de nacimiento. |

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