Costumbres

bulletLos niños.
bulletLa cruz de los pobres.
bulletLos grillos.
bulletCantamisas.
bulletEl Concejo.
bulletLas enramadas de Ayuela.
bulletOtros hechos curiosos

 

bulletLos niños.
Ninos40_small.gif (7852 bytes)Nacían en condiciones extremas, por ello la mortalidad infantil siempre fue excesiva. Sobrevivían a base de caldos y leches. Eran bautizados muy temprano, precisamente por ese miedo a que no se lograsen. En sus bautizos se tiraban caramelos y confites para los niños, pero los mayores tampoco perdían la oportunidad de hincar la rodilla y birlar unos cuantos a los más pequeños. Pronto se le mandaba poner delante de las vacas, llevar la comida al padre, ir por brezos para la glorieta, coger para el cerdo, las vacas o los conejos, transportar agua, cuidar las vacas, ir de rabadán, limpiar el cortín, pregonar los productos de los vendedores ambulantes, y mil cosas más que combinaban con sus juegos y sus travesuras.

 
bulletLa cruz de los pobres.
pobre.gif (16677 bytes)Servía como señal para indicar al pobre o caminante, que viniera por aquí, cuál era la casa en la que tendría cena y alojamiento. Al ir a acostarse se le preguntaba si fumaba, tenía mecheros o cerillas, para prevenir incendios que alguna vez llegaron a ocurrir ya que normalmente se les alojaba en cuadras o pajeras. Este símbolo (la cruz) pasaba de casa en casa con riguroso orden de vecindad y estaba en un sitio visible todo el día del turno. El mismo pobre la llevaba a la casa siguiente. Había muchos pobres y clases de pobres. A algunos daba gusto escucharles narrar sus aventuras y anécdotas. Otros eran sucios y sólo arrastraban pura miseria y necesidad.

Otra tradición, aún vigente, es la de llevar y tener casa por casa a la "Sagrada Familia". Después de unos días en cada casa se echa una limosna o donativo en su interior y se pasa al siguiente vecino.

 Los grillos.
Eran unas argollas de hierro bastante grandes que se ponía a cualquier persona que hubiera cometido una trastada o delito de consideración. Durante un tiempo debería arrastrarlos de sus tobillos o piernas en todos sus movimientos por el pueblo, hasta cumplir la penitencia civil asignada.

 
bulletCantamisas.
Cada vez que en el pueblo había un Cantamisa - y no faltaron nunca - se procedía a levantar " el Mayo" delante de la puerta de su casa. Se elegía el chopo más bonito y, a veces, el más grande. Aquellas tareas eran para verdaderos ingenieros o duchos en la materia. La colaboración de unos y otros tenía que ser total y muy bien organizada. Ningún detalle, ningún descuido podía producirse en aquellas tareas de suma maestría y peligrosidad. Con la aportación de la experiencia de los mayores y la fuerza de los más jóvenes se lograba aupar el mastodonte, y comenzaban los festejos de dicho evento. El padre del cantamisano invitaba a todos y las mozas adornaban aquellas faenas con múltiples cánticos.

Una tradición similar y que también se mantiene es la de poner o pinar un mayo en medio de la Plaza Mayor cada primero de Mayo. Al terminar el mes se derriba y se vende al mejor postor. Seguramente esta tradición sea la original y primitiva ya que era practicada por algunos pueblos bárbaros que vinieron a Hispania en el Siglo V.

bulletEl Concejo. Venía a ser como la asamblea del pueblo. La democracia más pura y dura. Se debatían siempre asuntos internos del pueblo. En él estaban representados todos los vecinos, cada uno con voz y voto. Entre sus funciones estaban : convocar y repartir las huebras necesarias a lo largo del año, dar la suerte de leña, repartir los roturos, cobrar impuestos y arbitrios, subastar barros de la calle o arroyos y río, facilitar leña y realizar posibles obras a las autoridades del pueblo (guardias, maestros, médico, ...), vigilar los pastos, rastrojeras y montes, contabilizar el ganado dos o tres veces al año, etc. El Alcalde era elegido cada tres años, junto con dos concejales. Al finalizar el mandato, estos proponían al Concejo a tres vecinos para sustituirles. Sucedió alguna vez que la elección se tuvo que hacer "echando a pajas" por que nadie quería en ese momento tal cargo. En el Concejo todo estaba regulado y asumido. Existía la jerarquía y el respeto máximo para todo y todos : hablar, votar, empezar a comer el escabeche y queso, a beber en aquellas dos preciosas tazas planas de plata, etc. Los cargos del Ayuntamiento se sentaban en la mesa central, y a ambos lados de éstos los recién salidos del cargo y los más ancianos ; luego estaban los lugares de los demás y por último el de los jóvenes. El vino y el escabeche tenían que ser servidos por los más jóvenes ; no podían darlo con la mano izquierda y había que respetar el orden establecido.

Más tarde el Concejo sería absorvido por el moderno Ayuntamiento, quedando relegado a la merienda que se convoca tras las huebras vecinales. Mucho se podría escribir sobre lo acontecido en aquellos Concejos de antaño. Mucho, sobre todo de los últimos momentos, cuando ya el vino y el escabeche habían saciado la sed más que el hambre, y cada cual ya no era cada uno. Entonces sucedían cosas de lo más variopintas. Baste, a modo de ejemplo, aquel vecino que llegó a pagar por el moje y la lata de escabeche vacía (en legítima subasta) más de lo que había costado llena. De camino a su casa tropezaría con un montón de barro y se le derramó todo el líquido. La bronca de su mujer pondría la guinda a aquella desafortunada operación.

 
bulletLas enramadas de Ayuela.

Enramadas1_small.jpg (1960 bytes)Típicas, festivas y multitudinarias como ninguna. Éstas pueden producirse en cualquier época del año, sólo es necesario que una moza del pueblo vaya a casarse. La víspera , toda la mocedad, organiza una fiesta en torno a su puerta. Se diseña la enramada más conveniente, se da palique a los primeros   invitados y se consume todo tipo de viandas y licores que tenga a bien sacar a la calle la novia, el novio o quien se mueva por allí.. La juerga puede resultar pesada por su prolongación excesiva a lo largo de la madrugada, teniendo en cuenta que algunos deberían estar serenos a las pocas horas. Son las bodas señalados momentos que aglutinan comportamientos de toda índole. Los mozos acudían a casa de la novia en la 2ª amonestación , y el mozo mayor, le decía : "si era gustosa de dar los derechos según los usos y costumbres". Si la respuesta era afirmativa, recibían los dineros correspondientes y se les ofrecía vino y merienda. En el caso de una negativa, montaban gran bronca y estruendo delante de la casa. Esta tradición quedó después sólo para aquel novio que venía de fuera. El mozo forastero tenía que hacer un convenio con los del pueblo sobre lo que tenía que dar. En el caso que diera, por ejemplo, un duro, el padrino debería dar el doble ( La Dobladilla). Se le preguntaba así mismo si quería la enramada. El día de la boda se pasaba la bandeja a todos los invitados y se les entonaban cánticos hechos a la medida de cada uno : " Y una boda saca a otra, y ésta es la pura verdad / Fulano con Fulana bien se podrían arreglar ..."

La Señora Felisa y su marido pasaban por ser grandes compositores para estas ocasiones. Muchas veces las mozas recurrieron a ellos. Sirva como ejemplo la siguiente :

" Todas las noches me paso a tu ventana velando.
Caga bueno, caga malo ; caga duro, caga blando".

También fue costumbre muy arraigada entre la juventud echarle paja a las puertas de las mozas. Comunicar con un reguero de ésta la puerta de algún pretendiente. Costumbre que fue aprovechada en más de una ocasión para gastar ciertas bromas a algunos mozos o mozas. Los mozos subastaban a las mozas el día de los enamorados, y quien no cogía a alguna tenía que pagar el doble. Luego se obligaban a salir con ellas de paseo según el resultado de la subasta anterior.

Otros hechos curiosos
bulletGitanos, quinquilleros, etc.
Con frecuencia llegaban al pueblo clanes de estas familias (30 ó 40) que se situaban en La Fragua y en el Portal. Se dedicaban a hacer cestos y otras cosillas que luego vendían. Sin embargo, no eran bien vistos por algunas "faenas" que protagonizaban dentro del pueblo. Aunque, la verdad sea dicha, solamente a la hora de marcharse despertaban inquietud entre los vecinos. Era entonces cuando había que poner a buen recaudo gallinas, conejos, grano u otras cosas. Pedían por las casas cuanto necesitaban. Unas veces se lo daban, otras no ; y alguna que otra vez lo tomaban "prestado". - Decía una gitana a otra más joven : ¿Verdá que nosotras no hemos cogido la gallina de la señora?, ¡jai ! tapa la cola que se te ve".
Era corriente que pidieran hierba para sus animales. Un vecino les permitió, en cierta ocasión, llenar los sacos en su pajar. Quisieron meter tanta que cuando fueron a sacarlos por el bocarón éstos no cabían. El dueño se los haría vaciar. Algunas mujeres dieron a luz en el pueblo, y es por eso que haya gentes gitanas bautizadas y registradas en Ayuela. Con el paso de los años algunos han tenido que acudir de nuevo para solicitar sus partidas de nacimiento.

Atrás Arriba Siguiente