Nuestros abuelos

La vida de nuestros abuelos.

(Recuerdos de la vida en Ayuela desde la Posguerra)

(Por Margarita Gutiérrez)

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Fotografía familiar de los años 20. En el patio de la casa familiar de quien esto escribe. 
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Fotografía de todos los niños de la escuela de Ayuela a finales de los años 20. 
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Fotografía de todos los niños de la escuela de Ayuela los años 46-47. 
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... La posguerra

Una vez terminada la guerra ya vivimos tranquilos y aunque había muchas privaciones, en el pueblo no se pasaba hambre. Mi madre me contaba que en nuestro pueblo, Ayuela de Valdavia, se sembraba mucho lino y que hasta que se hacía la tela llevaba mucho trabajo. Pero la gente disfrutaba mucho con ello. En el invierno se juntaban familiares y vecinos después de cenar y, a la luz de un candil, las mujeres hilaban lino y lana o cosían; los hombres también hacían labores; fabricaban escriños, cestos o limpiaban las legumbres... cada noche un escriñito. También tenían sus diversiones pues hacían juegos, bailaban o jugaban a las cartas. Algunas veces venía la chocolatada y las orejuelas. Cuando las juntaban con la miel se ponían igual de untados por dentro que por fuera...

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La ropa de lino.

...Del lino hacían ellos mismos en sus telares camisas y sábanas. Estas no se lavaban cada semana, sino que se dejaban sucias y a la entrada del invierno las "colaban": prensaban bien todas las piezas en un cesto grande, hervían ceniza de roble y la echaban en el cesto. Al día siguiente lo lavaban y lo ponían un poco al sol; y aunque parezca mentira quedaba una ropa muy blanca y con olor a limpia. Luego en el invierno cosían y recosían la ropa; y creo que algunas prendas tenían ya tantas piezas que de la primitiva ya no quedaba ninguna. Pero a pesar de todo eran felices y disfrutaban. No conocían el egoismo ni el orgullo de ahora. Todo el mundo se ayudaba igual en el trabajo que en lo demás...

 

Las diversiones

... La diversión de la juventud era el baile con pandereta por la tarde en la plaza a la que acudían la mayoría de las personas mayores. Por cierto, si pasaba por allí el sacerdote, se paraba el baile y todos a besarle la mano (yo esto lo aprendí bien, pues como siempre había sacerdotes en casa cuando llegaba después de dar los buenos días tenía que besar la mano a todos ellos). Se respetaba mucho a los ancianos, eran los preferidos en casa y, los que les tenían en casa, se sentían orgullosos de ello. Las propinas, cuando era pequeña, solían ser una "perrilla" de 5 céntimos y una "perra gorda" de 10 céntimos para San Esteban. Con una perrilla Farrús, que vivía al lado de nuestra casa, nos daba 5 caramelos muy grandes. A céntimo el caramelo. Y con un caramelo éramos felices...

Madre e hija.

(Foto: Peregrina y su hija Margarita)

Las funciones religiosas.

...Lo que practicábamos mucho era las funciones religiosas. En Semana Santa teníamos todo el día ocupado. El jueves y viernes Oficios (que allí llamábamos "Tinieblas"). Subíamos a la iglesia de arriba a las 7 de la tarde y allí estabamos una hora de rodillas o sentadas en el suelo hasta que se apagaban las 12 ó 14 velas. Se apagaba una con cada oración. Luego llegaba el momento de hacer sonar las "carracas". Cada niño llevaba una. Por la mañana, aún sin amanecer, el Rosario de la Aurora. No se tocaban las campanas sino que se tocaba el "carracón" que era muy grande y que costaba mucho tocarlo por su tamaño. Todo era cantar. Yo conservo las canciones en un librito muy pequeño y viejo. El día de Resurección, en la puerta de la iglesia, se cantaban "las albricias" que eran canciones referidas a la Resurección. La misa era muy temprano y los que llevaban al Santo Cristo en procesión venían por la calle de La Puente y la Virgen con las mozas por la calle mayor. Allí se cantaba en dos partes diferentes: a un lado los de la Virgen y al otro los del Santo Cristo. Todo referido a la Resurección. A la Virgen se le quitaba un manto negro y se le ponía de blanco. A mí me tocó durante muchos años el ir a quitárselo, pues fui mayordoma de la virgen del Rosario 12 años y logramos comprar a fuerza de sacrificios una imagen y su altar...

 

Y para comer...

...Pues pan, legumbre y carne con huevos todos tenían. En los 3 meses de verano se mataba un carnero o una oveja. Cada semana lo hacía uno y se repartía entre 4 ó 6 vecinos y así se arreglaban las familias. Gallinas todos tenían y por lo tanto también había huevos aunque mayormente se vendían para comprar aceite. Yo recuerdo que de 14 años, siendo como era, muy poca cosa y estando la guerra civil; tenía que ir por la noche, con un burro o yegua y cargada de 60 kilos de trigo, a moler bien a Fresno del Río o bien a Vega de Riacos para poder hacer el pan. Menos mal que íbamos siempre varios y después de andar dos o tres horas lo pasábamos bien pues, en lo que nos lo molían, nos íbamos por las noches a las huertas de los pueblos y cogíamos algunas frutas y reíamos mucho.

Al volver a casa teníamos que separar el salvado de la harina con un cedazo y después cocerlo para hacer el pan. Solían hacerse unas 14-15 piezas grandes que podían durar unos 12 ó 14 días pero se conservaban bastante bien...

 

Pasaban los años...

...Así fuimos pasando los años y, cuando ya fui mayor de edad recuerdo que en el pueblo se pasaba muy bien. Nos divertíamos con poca cosa, bailábamos con el ruido que hacía un tambor, una pandereta o un almirez. Cuando era un día más extraordinario también tocaba un acordeón y, a la vez, siempre cantaba una moza. Otras veces paseábamos por la calle para arriba y para abajo, siempre cantando y riendo. A eso de las 9 ó las 10 lo más tarde cantábamos eso de:

"A la cama chavales
a dormir a dormir
que lo manda el alcalde
y la guardia civil".

Añoro mucho aquellos tiempos, aquellas costumbres. Estabamos todos unidos y, que voy a decir, nuestras costumbres eran muy divertidas. La gente tomaba con buen humor las bromas.

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Los mozos cortejaban a las mozas con mucho miedo y por la noche ponían una escalera y las iban a cortejar a la ventana. Cuando el padre se daba cuenta le quitaba la escalera y el pobre mozo las pasaba... A mí me contaron que en nuestra casa vivía el cura con una sobrina. Esta era moza y tenía amistad con un chico del pueblo y algunas veces venía a cortejarla. Pero el cura sospechó y un día la hizo cambiar de dormitorio y se acostó el en su cama. Efectivamente el mocito llegó por la ventana y se encontró con el cura... Yo esto no lo viví, pero así eran las costumbres entonces. Por aquellos tiempos existía la Junta de Mozos y para entrar en ella tenías que pagar una peseta. Todos los sábados, después de cenar, sonaba un tambor por la calle. Era el alguacil de los mozos que avisaba a los mozos para reunirse.

 

La matanza.

...La fiesta de la matanza era muy alegre. El cerdo se mataba en el invierno y para ello se juntaban varios hombres y mujeres para ayudarse. Cuatro hombres cogían el cerdo para matarlo y una mujer se encargaba de recoger la sangre y darla vueltas continuamente para que no se cuajara y pudiera servir para hacer morcillas. Una vez muerto el cerdo se cubría con helechos o paja, se prendía fuego a todo ello y luego se raspaba bien y se lavaba. Después se habría en canal y se sacaban las tripas. Nosotras teníamos que ir a lavarlas bien al río. Volvíamos con las uñas doloridas pues había veces que el río estaba helado o había nieve en los campos. Menos mal que, una vez que el cerdo había muerto, no faltaba la copita de orujo y el porrón de vino. En casa de mis padres se acostumbraba a cortar el rabo del cerdo y asarla para que entrara mejor la copa. Después de lavar las tripas las mujeres las cortaban, las más anchas para hacer morcillas y las delgadas para los chorizos. En esto llegaba la hora de la comida y después de comer se hacían las morcillas y se cocían. El agua de cocerlas se llamaba calducho o mondongo y si alguna se rompía y quedaba el contenido en la caldera a eso se le llamaba mondonguetas. A algunos les gustaba este caldo e iban a por ello para llevárselo a su casa. Al día siguiente se partía el cerdo y se sacaban los jamones, lomo y costillas. Se separaba la carne del tocino y se preparaba para hacer chorizos. El lomo y las costillas se echaban en sal y adobo. Una vez adobados se hacían trozos y se metían en las orzas (pucheros de barro grandes). Estos alimentos se reservaban para los trabajos fuertes, o sea para el verano. Aquello era cosa buena. He de decir que la víspera de la matanza lloraba toda la familia, era porque por la noche había que picar la cebolla y, como era tanta cantidad, enseguida asomaban las lágrimas.

Otra costumbre de los pueblos eran las huebras. Cuando estas tenían lugarse tocaba la campana para reunir a los vecinos y se repartían los trabajos que necesitaba el pueblo. Allí se distribuía entre todos el trabajo de la mañana. Luego por la tarde tenía lugar el concejo que era la reunión de todos para bebe vino y comer unas sardinas. Raro es el día en que alguno no salía haciendo eses para diversión de los chicos. Se hacían subastas de recogida de leña, de barrido de calles o de recogida de boñigas. Para esto había que dar dinero al pueblo. Había algunos que a la entrada del invierno pagaban y tenían derecho a recogerlo ellos. Cogían entonces un cesto y una paleta ys e iban al campo a recoger las boñigas para estercolar sus fincas pues entonces apenas había abonos minerales.

Y a pesar de todo ello la gente estaba alegre y se oían canciones y rondas por la noche que era un gusto oirlas. Lo mismo que cuando se cuidaban las vacas que se hacía por turnos diariamente. Se soltaban a las 6 de la mañana y se traían para trabajar a las 9. Recuerdo oir cantar por las mañanas en la Majadilla a los "bueyeros" o "burrieros" como allí se les llamaba.

Los carnavales.

Y los carnavales... eso era lo más bonito. Ya en los veladeros se disfrazaba la gente y se iban a otras casas siempre ocultando el rostro. Por otra parte los mozos lo celebraban el Domingo Gordo, o sea el domingo anterior al miércoles de ceniza. Ese día era el día de los torreznos. Por la mañana salían a pedir con cestas por todas las casas. Les deban chorizo, tocino, huevos... y más cosas. Todo lo juntaban y por la noche lo comían. Por la tarde se disfrazaban todos. Dos de ellos eran los zamarrones; a estos se les ponía muy guapos con pantalones estilo bermudas con muchas cintas de colores, luego se les colocaba un corpiño lleno de bonitos pañuelos y un cinturón lleno de cencerros. Llevaban careta y un sombrero terminado en pico muy alto, todo lleno de cintas de papeles de colores. En la mano llevaban guantes, un látigo y una bota de vino. Nos perseguían por las calles y teníamos mucho miedo...

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